LA SOMBRA DEL JAGUAR.

Ayer jueves 18 de Noviembre, se hizo presente la tradición de las cumbres de América del Norte en un primer encuentro entre las 3 naciones y en medio de profundas discrepancias en cuanto a los temas del cambio climático, comercio y en materia migratoria. Sobre éste último hay que mencionar que es justamente el flujo migratorio en la frontera sur de los Estados Unidos que ha dominado la agenda bilateral entre México y la nación americana.

Lo que queda de oposición en éste país seguirá afirmando que la política internacional del presidente López Obrador es efímera, ha fracasado o carece de elementos diplomáticos, cuando la realidad es que México mantiene una gran estatus frente a los países de América y el mundo. Cabe recordarse que la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU se logró inicialmente porque toda la comunidad latinoamericana y caribeña apoyó la candidatura mexicana en unanimidad.

Si la visita de López Obrador a la ONU coronó el proceso que comenzó con el apoyo de toda la región latinoamericana, el detalle más destacado no fue la visita en sí, ni el discurso del presidente mexicano; sino la inmensa cantidad de gente que apoyó y acompañó a AMLO en toda su visita por la ciudad de Nueva York. Los paisanos y las paisanas no dejaron solo al mandatario mexicano en ningún momento de su visita, y lo escoltaron espontáneamente del aeropuerto al hotel, y del hotel al recinto oficial de la ONU.

Del mismo modo, en esta visita a Washington, para reunirse con Justin Trudeau y Joe Biden, sus homólogos canadiense y estadounidense respectivamente, la comunidad migrante acompañó a la delegación mexicana. Obrador es el presidente mejor calificado por la ciudadanía entre los tres, y eso fortalece su posición para negociar la agenda política, migratoria, comercial y de seguridad. En ocasiones anteriores, México ha posicionado solicitudes a ambos países para mejorar el trato a la comunidad mexicana residiendo y trabajando en territorio de ambos vecinos, pero también se ha lanzado contra sectores industriales estadounidenses y canadienses, como la industria armamentística y minera.

La asimetría de poder entre México y ambos vecinos del norte nos demanda manejar con pinzas el ejercicio de la diplomacia, pues siendo el vecino más débil en términos económicos y militares, nuestra soberanía corre el peligro constante de la iniciativa hegemónica de Canadá y Estados Unidos. Nuestra vecindad con la que es considerada la última potencia global que hemos conocido, los EEUU, nos posiciona en una situación compleja. Esta ubicación geográfica es un arma de dos filos, pues nos hace vulnerables a los cambios en EEUU en el mismo grado en que ellos son vulnerables a los cambios en nuestro país.

Por ello, la conducción política y diplomática debe ser rigurosa. La única posibilidad de sentarse en la mesa con dos gigantes y salir avante es tener una política de cero tolerancia a las violaciones a nuestra soberanía, y empujar la agenda de independencia económica y política. Eso sólo lo ha logrado el presidente Andrés Manuel.

La estrategia del presidente ha sido la proactividad en la búsqueda de la solución a los problemas comunes; la seguridad y la migración, pero cambiando el paradigma desde el que se abordan los problemas.

En cuanto a la seguridad, México propone el combate al tráfico de armas, que sucede en dirección norte-sur, en lugar de la doctrina de seguridad estadounidense, que pugna por usar la fuerza para eliminar a los traficantes de droga. El enfoque mexicano pone la mira en los grupos que se benefician de la venta de armas, que son en última instancia estadounidenses haciendo negocio con la violencia en el sur del continente.

En cuanto a migración, de mano de la CEPAL, AMLO ha desarrollado un Plan de Desarrollo Integral para Centroamérica, que busca solucionar los problemas socioeconómicos de la región para evitar la migración forzosa desde su origen, la desigualdad. México ha invitado a Estados Unidos a aportar recursos económicos, en lugar de promover la constante y creciente militarización de las fronteras.

En ambos casos, México no solamente defiende su soberanía sino que opta por cambiar el enfoque y tomar la iniciativa para abordar los temas comunes de la región norteamericana, con una visión que defiende a la región latinoamericana. AMLO no se contenta con defender la soberanía mexicana, sino que asume el liderazgo entre los países del norte. Esto solamente es posible gracias a que, además de la política exterior soberana, el presidente cuenta con un apoyo social tan amplio como su mayoría en México y el apoyo contundente de las y los mexicanos en el exterior.

Estos dos factores hacen de López Obrador el líder de Latinoamérica y Norteamérica, al mismo tiempo. Sin duda, vivimos tiempos espléndidos para nuestro país y su posición ante la comunidad internacional.

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