TRANSFORMACIÓN INTEGRAL

Por “Nuchi” Jiménez

La transformación es la madre del cambio. Nace con el propósito de resolver un problema o modificar un estado no deseado. La transformación es un proceso, el cambio, un resultado. El cambio requiere voluntad, acción y liderazgo; tiene que dirigirse, no sucede por sí solo. Debe haber sinergia entre todas las partes que interactúan en el proceso de transformación del ser y el hacer.

El cambio se da en distintos entornos y en diferentes formas. En política, es un cambio de régimen. Una modificación del contrato social entre gobernantes y gobernados. Se le retira la confianza a unos y se le da a otros. En el mundo de los negocios, la innovación disrumpe mercados e industrias. La adopción tecnológica sustituye procesos físicos y presenciales por procesos digitales y remotos. En el ámbito personal, se sustituyen hábitos y patrones de comportamiento. Se crean buenos hábitos y se eliminan malos hábitos.

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Voluntad. Herramienta para cambiar el “chip” de manera libre y consciente. Un compromiso con uno mismo para cambiar nuestros mapas mentales. Un acto de humildad para reconocer que no sabemos todo y que siempre habrá nuevas y mejores formas de hacer las cosas.

Acción. Energía que hace que las cosas sucedan. En su ausencia, una decisión queda en intención y deseo. Nunca adquiere su equivalente físico, no se materializa nada. La acción debe ser eficaz para lograr los resultados esperados. Los pasos deben de darse en el orden correcto; los que sean necesarios hasta llegar a la carretera de la mejora continua. John C. Maxwell dice: “Crecimiento significa cambio”. Y tiene mucha razón. Solo así se garantiza el progreso. No debemos de perder de vista, que no toda transformación es productiva, a veces los cambios resultan regresivos. Hay círculos virtuosos pero también viciosos. Podemos caminar para enfrente pero también hacia atrás.

Liderazgo. Piedra angular del cambio; quizás, la pieza más importante. Indispensable para vencer los obstáculos que se presentan en variadas formas: resistencia, miedo, ego, conformismo, indiferencia, flojera, intereses, procrastinación, ideas preconcebidas; por mencionar solo algunos retos. El líder es un gestor de emociones. Tiene que persuadirse a sí mismo y luego a los demás. Primero para actuar; segundo, para no desviarse de la ruta trazada. Las emociones influyen en nuestras decisiones y acciones; por ende, en los resultados. Gestión de la emoción para ser resilientes, mantener la motivación y ser proactivos.

El cambio es gradual. No hay atajo ni camino corto. Lo que sí hay, es un sacrificio en el corto plazo para lograr una recompensa en el largo plazo. “No hay progresión ni logro sin cierto grado de sacrificio”, dice Robin Sharma en uno de sus libros. No describió el hilo negro pero sí acomodó muy bien las palabras. De manera corta, clara y sencilla, nos dice que tenemos que esforzarnos para obtener lo que queremos, que nada es gratis y que todo cuesta.

De adentro hacia afuera. Transformar lo que somos para transformar lo que hacemos y obtener lo que queremos. El cambio es un camino infinito, anda en él.

Puro para delante, nada para atrás. 🐴

¡Gracias por leerme!