LA MUJER ENMASCARADA.

Por Diana Sugey.

¿Qué significa ser mujer en pleno siglo XXI? Esta pregunta a simple vista puede parecer demasiado ambigua, no cabe duda de que debe de existir un sinfín de respuestas, y seguramente ninguna haría justicia a todo lo que representa y ha representado el ser mujer. Sin embargo, pareciera que cualquier respuesta no es suficiente, al contrario, la mujer se muestra como insuficiente.

Constantemente son bombardeadas de estereotipos del cómo se supone que debe de ser y comportarse la mujer. A través de las redes sociales, medios de comunicación, publicidad en carteles, ella y su cuerpo son expuestos ante la sociedad para ser objeto de deseo, el gancho que atrae al consumidor a comprar algún producto o dilapidar en cierto lugar.

Estos estereotipos e ideales de como debe ser el cuerpo femenino han provocado que la mujer real, la de carne y hueso someta su cuerpo a intervenciones quirúrgicas, tratamientos estéticos para transformar su figura, su cara, su cabello, entre otras cosas; al no considerarse lo suficientemente bonita para encajar en los lineamientos impuestos por la sociedad, o para merecer ser amadas por el otro y por ellas mismas, ya que muchas de estas intervenciones son realizadas bajo el discurso de que lo hacen por amor propio, para sentirse mejor consigo mismas y así aumentar su autoestima.

No digo que esto no sea así, se que muchas mujeres después de las cirugías plásticas o tratamientos estéticos se sienten mucho mejor consigo mismas, se vuelven más atrevidas, usan ropa que de otra manera no hubieran usado nunca, no obstante, no puedo evitar preguntarme, ¿realmente su actitud cambia porque se sienten mejor consigo mismas o porque a los ojos de los demás lucen mucho mejor y al saberlo, su autoestima mejora? Entonces, el cambio físico, ¿lo hacen para ellas o para complacer a la sociedad?

En una ciudad como la de Culiacán se ha vuelto común que en las pláticas entre mujeres se hable sobre estos procedimientos, e incluso los hombres mismos comparten experiencias que han tenido con mujeres que se han intervenido quirúrgicamente. Además, se vive en una sociedad que, aunque no se quiera aceptar esta bajo la influencia de la narcocultura, situación que vuelve mucho más común esta práctica, ya que para algunos hombres que se dedican a esta actividad es un disfrute el presumir a la mujer y las curvas que le han patrocinado. Saber que tienen a la mujer más buena les eleva el ego. Y las mujeres que viven de cerca este mundo lo hacen por gusto o por encajar en el estigma de la mujer buchona. No obstante, no es propio únicamente de las personas que se dedican a esta actividad o la viven de cerca, ya que mujeres de diferentes clases sociales han optado por estos procedimientos para mejorar su apariencia, influenciadas por esta cultura.

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Incluso se ha vuelto tan común que se tiende a cuestionar a aquella persona que decide o dice no desear hacerse alguna intervención, como si las cirugías platicas y tratamientos estéticos entregara un pase a la felicidad y a la aceptación personal. También existen muchos mensajes publicitarios que atraen a la mujer a realizarse algún “arreglito” como son el “envejecer con dignidad” o poner nuevamente todo en su lugar, como si se quisiera ir en contra de lo inevitable, el envejecimiento.  

Sé que en muchas de las ocasiones una cirugía no es suficiente, se entra en un juego vicioso, lo que se tiene nunca es suficiente, siempre se esta deseando más, la mayoría de las mujeres al verse al espejo no hace otra cosa que buscarse imperfectos, observando que puede mejorar de su apariencia física para verse y sentirse mejor, y la mayoría de las veces nunca se llega a la completa satisfacción, siempre se está en busca de más, porque se nos olvida que esos vacíos no se arreglan o se llenan modificando su forma original. Se convencen así mismas que después de todo lograrán estar seguras de si mismas con su apariencia; se les olvida que su valor no esta en el cuerpo, va mucho más allá, ni siquiera se encuentra en lo tangible, al contrario, está en todo aquello que no se puede ver, como dice el escritor Francés Antoine de Saint-Exupéry en su libro El Principito “Lo esencial es invisible a los ojos”. No obstante, la construcción social que se ha hecho sobre la mujer la ha orillado a pensar que esto no es así, que se necesita más, haciéndola aparecer como una mujer enmascarada porque ella por sí misma, no es suficiente.

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