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MIGRAR ES UN DERECHO.

Por Adrián Espinosa.

La vida de las personas cada vez está menos anclada a un solo lugar, migrar se ha vuelto parte de nuestras vidas y debería de verse tan rutinario como tomar agua, respirar, caminar o comer. Sin embargo, todavía hay grupos que reniegan de esta condición humana y se oponen por medio de marchas, manifestaciones y señalamientos.

Organizaciones como el Yunque o el Frente Nacional por la Familia son algunos ejemplos de cómo la ultraderecha sigue presente en México, echando raíces junto a distintos miembros del PAN, el partido históricamente vinculado con la organización del Yunque.

Un migrante no roba empleos, ni viene a ocupar un espacio “que le pertenece a otro”, menciono esto por la frecuente narrativa trumpista del migrante “acaparador”.

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Por ejemplo, en EEUU, son los migrantes los que hacen los trabajos pesados en los rayos del sol, o los oficios que los mismos estadounidenses no quieren hacer, como albañilería, plomería, cortar el césped, recoger frutos en los campos, etc.

El discurso nacionalista y xenófobo, visto en ambos lados de la frontera, siempre se ampara en la dicotomía “bueno/malo”, “trabajador/flojo” y cualquier otra que a usted se le ocurran. En el caso de EEUU, este discurso es exasperado por las películas al estilo Hollywood, en donde se le jura a la bandera como si de ella dependiera la supervivencia del protagonista.

Si sus padres no migraron, ni sus abuelos, lo más probable es que en algún momento de su linaje familiar alguno sí lo haya hecho, es por eso que es una patraña apelar a purezas de origen, muy parecido a la eugenesia utilizada en la Alemania Nazi para ejecutar gente y violar derechos humanos.

Existe un debate que radica en las obligaciones del migrante para con el país que lo recibe o viceversa, lo justo sería decir que el migrante se debe de acostumbrar a las costumbres de su anfitrión, aunque no las comparta y lo mismo al revés: el país anfitrión debe de respetar la cultura y tradiciones del recién llegado.

Además, hay una doble moral por parte de ciertos medios de comunicación, sobretodo en EEUU y en Europa, popularizado por videos virales hace unos meses, en los que apoyaban la migración porque encontraban similitudes físicas con ellos, “son como nosotros, son gente blanca y culta” decían los reporteros en los videos, de nuevo apelando a una dicotomía ridícula: los latinoamericanos o los de países musulmanes no importan, pero si son nórdicos o blancos sí importan.

Incluso los amigos migran, nadie está estático por siempre, es posible echar raíces en todos lados y en ninguna parte a la vez, esta puede (o no) ser mi casa, que está abierta a todos y a todo, al tiempo.