El rayito de esperanza que nos regala Alejandro Moreno.

Por Ana Quintero.

Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, se ha convertido en la reina del avispero opositor; la manzana de la discordia, el símbolo de la ruptura más esperada de este sexenio y el protagonista de los escándalos más aburridos de las últimas semanas. Digo aburridos porque, lamentablemente, todo lo que ha hecho son cosas que no nos sorprenden de un líder priísta.

¿Qué pasó?

Lo escuchamos amenazar a la prensa sin que le importara a su propio partido; lo vimos ser señalado por tener en su poder contenido íntimo de legisladoras del PRI sin que pudiera trascender la discusión hacia la violencia machista en la que ellas quedaron inmersas; lo descubrimos dueño de carros con valor de $19 MDP, nuevamente sin enfrentar consecuencias; y la gota que derramó el vaso: él y su partido se pusieron del lado de la militarización de nuestro país.

Hicieron declaraciones y presentaron una iniciativa a través de una diputada de la que nadie está hablando como si fuera un ser humano, pero esa es otra conversación.

En cuanto a los análisis que he leído hasta este momento, los señores líderes de opinión colocan a Alito (Alejandro Moreno) como un estratega oscuro, el autor de una jugada exitosa, vamos, el dueño de una alianza maquiavélica con el presidente y hasta de haber tenido este objetivo desde el día uno en el que se convirtió en líder nacional del PRI. ¿De verdad consideran a Alejandro un político tan hábil como para merecer y poder detonar una alianza con López Obrador? No se engañe, mi amigo.

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Lo que tenemos claro es que, con intenciones o no, esta iniciativa va más allá de discutir la militarización de México, pues el resto de liderazgos y partidos que forman parte de la autonombrada oposición han decidido romper con el PRI.

¿Qué podemos aprender y qué podemos esperar de esta ruptura en la alianza opositora?

La lectura general es que esta ruptura le es funcional a Morena rumbo a la sucesión presidencial. Sin embargo, considero que esto abre una grieta de la que surge un rayito de esperanza.

Recordemos que en el 2018 se formó una alianza electoral que, ante el triunfo político de Andrés, daría espacio, al menos discursivo, a una alianza opositora a la que se unió el PRI y de la que Movimiento Ciudadano ha tratado de salir, sin mucho éxito, al competir solos en las últimas elecciones locales e intermedias.

En honor a la verdad nos toca reconocer lo evidente, y es que la alianza opositora no la definen, ni la lideran, y mucho menos la organizan quienes militan para los partidos y movimientos sociales que se llaman de oposición; La oposición ha sido y sigue siendo un asset de aire, o sea un bien inmaterial, del estilo de gobierno del cabecita de algodón. Con voluntad o no, son una herramienta más de AMLO.

Entonces, esta ruptura en la oposición tiene toda la finta de ser funcional a Morena, sí, pero insisto en que es una grieta de la que puede surgir una opción política-electoral que nos alivie la sensación de tener que votar por lo menos peor en el 2024.

México necesita poder voltear a ver una opción política que no le pertenezca ni le sea funcional a la propaganda que encabeza el presidente. Lo pongo en esos términos porque la alianza opositora, al fusionarse en un ente compacto, antes que ser Todos contra Andrés, como se auto engañan, permite que mediante el discurso se les identifique más rápido como el enemigo que ha sido derrotado y que jamás volverá a ser merecedor de nuestra confianza ciudadana.

En pocas palabras: esta ruptura puede dar pie a una opción que no juegue con la misma pelota, ni en la misma chancha, ni al mismo juego en el que les ha encerrado Andrés Manuel López Obrador, porque de lo contrario, cualquier cosa que haga la oposición beneficiará electoralmente a Morena, pues están jugando un juego en el que hay un sólo ganador y ese siempre será el mismísimo Ya Sabes Quién.

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