Caí en la tentación, como si fuera un taco de chicharrón.

Por Ana Quintero.

En los últimos días se publicó el famoso libro El Rey del Cash, que presume revelar operaciones financieras del presidente Andrés Manuel López Obrador. Lógicamente, los señores de la oposición decidieron dedicar su energía a hablar del tema hasta el cansancio, mientras que el obradorismo se ha dedicado a desacreditar el libro y a quienes participan en su creación. Lo mismo de siempre, pues.

En medio de todo esto, la Senadora Lilly Téllez publicó un Tweet en el que toma una foto de la Secretaria General de Morena, Citlalli Hernández, viendo el libro; en la fotografía podemos ver a Citlalli sonriendo. En el Tweet, Lilly Téllez escribe:

Cayó en la tentación, como si el libro fuera un taco de chicharrón –.

Cuando lo ví por primera vez pensé que se trataba de una cuenta parodia, o de una imagen creada en photoshop. Me llevé una terrible decepción cuando entré a su cuenta de Twitter, verifiqué que se trataba de la verdadera Lilly Téllez y vi la penosa publicación.

Entiendo que para algunas personas esto pudo ser realmente chistoso, ingenioso, o incluso, irreverente; pero las redes sociales no tienen las mismas reglas para todas las personas, y la senadora Téllez debió haber utilizado su criterio para ahorrarse el chistecito.

Esta publicación deja más que claro que Lilly tiene otros talentos bizarros, además de dar show en la tribuna y ante la prensa: ahora nos queda claro que es una persona gordofóbica.

Que nos quede clara una cosa: la gordofobia no viene del ingenio, ni del humor, sino de un rechazo no justificado a cuerpos que no son hegemónicos.

Por otro lado, el nivel de conversación que maneja la ex-obradorista deja mucho que desear, pues, siendo honesta, hay que tener una pereza intelectual muy seria para hacer chistes odiantes de esa naturaleza, especialmente desde su posición de Senadora de la República.

Desde nuestra posición de votantes, no-tomadores de decisión, nos toca exigir que personas como Lilly Téllez cumplan con el respeto básico hacia todas las personas, sin importar que se trate del otro bando, o con quienes no estén de acuerdo.

Se vale disentir, criticar y cuestionar, se vale no aprobar de ninguna manera a la cuarta transformación, pero no se vale reproducir ataques personales, particularmente cuando se trata de discursos de odio que pueden ser peligrosos para quien los recibe, pero también para quienes lo lean o lo escuchen. Hablar de esa manera de los cuerpos ajenos puede provocar dismorfia corporal y otros problemas relacionados. Mientras aprendemos a tener conversaciones en las que nos podamos respetar mutuamente, nos vemos el próximo viernes.