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Documentar la ficción.

Por Adrián Espinosa.

Acabo de terminar de volver a ver (es como la tercera vez que la veo completa) una serie que de verdad recomendaría a cualquiera de mis amigos. Se trata de OKUPAS (2001) serie argentina dirigida por Bruno Stagnaro (Pizza, Birra y Faso) remasterizada por Netflix en el año 2021 (estrenada ese mismo año en esa plataforma) la cual sigue las aventuras de 4 amigos que viven en una casa tomada (de ahí el nombre) en Buenos Aires.

Por lo tanto, Okupas cuenta con 4 personajes principales: Ricardo, El Pollo, Walter y El Chiqui.

Ricardo Riganti (Rodrigo de la Serna), el personaje principal, es un estudiante de medicina que dejó la facultad de la UBA (Universidad de Buenos Aires) y que ahora vive en “El Caserón del Orto” como él mismo refiere varias veces durante la serie, a petición de su prima Clara, quien le encomienda los 5 mandamientos: “no drogas, no quilombo, no música fuerte, chicas con discreción y no meter a nadie”

La serie comienza con un desalojo de unos individuos que habitaban ilegalmente la propiedad, cuyas nacionalidades no se especifican. Después de este suceso, narrado por una cámara tambaleante y zigzagueante, es que Ricardo recibe la llamada de Clara, quien le propone habitar la casa.

Ricardo, descrito como un individuo de clase media alta, probablemente un “cheto” como dicen los argentinos, hace caso omiso y comienza a meter gente a la casa. El primero al que llama es al Pollo (Diego Alonso), un tipo duro y agrio que se dedica a afanar por las calles. Una noche Ricardo conoce a Walter (Ariel Staltari), un paseador de perros (el actor admitió su miedo a los perros en entrevistas posteriores), a quien Ricardo le pidió ayuda cuando escuchó ruidos fuertes provenientes de una pared de la casa, como si los vecinos quisieran tumbarla.

Walter es el personaje más irónico y  gracioso de toda la serie, a pesar de que siempre su comportamiento deja mucho que desear por su egoismo. Cuando Ricardo lo llama al Pollo, este decide llevar al último “okupas”: El Chiqui, un tipo muy noble, empático y con tintes infantiles.

La serie cuenta con un tono grisáceo, deteriorado, desinteresado, marginal; retrata de muy buena manera el “malvivir” de este grupo de amigos que aunque diferentes, hay elementos que los unen como el compañerismo, la camaradería y la solidaridad. Recuerda un poco al tono de desaliento y pesimismo de Amores Perros (2000) de Iñarritú, tal vez la comparación no tenga nada que ver, pero por lo menos en el aspecto del tono nihilista son muy similares.

Un elemento muy importante de Okupas es la forma de hablar, más si uno no es argentino. La verdad, aunque se esté familiarizado con una que otra palabra, seguirles el ritmo a las conversaciones es complicado, porque se trata de un argot muy local que los foráneos comunes no entendemos. Palabras como “gil, perejil, pancho, mambo, chabón” se repiten una y otra vez cuando los personajes dialogan.

Otro elemento fundamental es la marginalidad. La mayoría, sino es que todas las escenas, se desarrollan en ambientes marginales de la capital y periferia bonaerense, donde los protagonistas tienen sus aventuras. En Okupas, el realismo se mezcla con la ficción, indefinidamente.

Algunos personajes secundarios, como el Negro Pablo (Dante Mastropierro) parecen tan naturales que el personaje podría pasar por el actor, creando una tensión entre el elenco, como en aquella escena mítica del Docke cuando lo secuestran a Ricardo y la violencia parecía real.

Otra piedra angular de esta producción es el asunto del movimiento y la circulación: todos los personajes, sobretodo los 4 principales, siempre están en movimiento por periferias o zonas marginales, por calles irregulares y atestadas, por barrios bajos del Sur de Buenos Aires o por plazas y playas conurbanas; nunca nada ni nadie está estático, como si estuviera prohibido el sedentarismo y la pasividad.

Por si fuera poco, la musicalización es excelsa: cuenta con canciones de The Rolling Stones, Pescado Rabioso, Él Mató a Un Policía Motorizado, etc. El uso de la música es muy adecuado, ya que añade un grado de dramatismo a las de por sí dramáticas escenas de los 4 aventureros.

Okupas es un clásico de la televisión argentina que supo perdurar en el tiempo y ganó adeptos de varias generaciones. Las historias de Ricardo, el tipo que “se fue de vacaciones a otra clase social” y de Chiqui, Pollo y Walter, “los misfits sin clase social ni pertenencia”, son un gran acierto en un mundo conminado por la avaricia, el egoismo y el resentimiento.