Ni blanco ni negro.

Por Stephany Acuña.

Buen inicio de semana querido lector, estoy de vuelta y recargada para opinar semanalmente de todo lo que los mexicanos deberíamos estar conversando.

En los últimos días hemos sido testigos de cómo la discusión en torno a la manera en que se debe resolver la mayor problemática que nos aqueja como país, siendo esta la de la inseguridad que permea en todo el territorio nacional, ha orillado a personas que pudiéramos considerar racionales y de mentes brillantes a estar dispuestas a llamar blanco a lo que es negro con tal de defender la postura del grupo al que pertenece.

Durante el debate respecto a si debía reformar nuestra Carta Magna para que formalmente la Guardia Nacional pasara a formar parte de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) – que la neta ya lo era de facto –  nos encontramos con que tanto la opinión pública como los legisladores que fueron participes de dicha votación en sus intervenciones y/o opiniones se dedicaron a devaluar los argumentos y posiciones de sus contrarios por el mero hecho ser quienes eran.

Pongamos las cosas sobre la mesa, la realidad es que a raíz de que los gobiernos civiles demostraron una enorme incapacidad para crear policías capaces de prevenir el delito y de garantizar justicia y al incremento exponencial de la delincuencia organizada cuyas estructuras económicas y políticas se han ido inmiscuyendo en nuestra cotidianidad, fue que se tuvo que echar mano de las Fuerzas Armadas (F.A.) y esto no es de ahorita, lleva décadas ocurriendo. El nivel de urgencia que se vive requiere de intervención de las F.A., no tenemos policías ni tampoco personas queriendo formarse para serlo. Parafraseando lo que dijo en su podcast Jonathan Maza ¿quién va a querer ser policía en un país donde las personas no perciben dicha profesión como digna de ejercerse, cuando los presupuestos no le han dado el lugar que se merece, donde ni quienes deciden ejercer esta noble profesión ni su familia tienen un seguro u oportunidades de acceder a una vivienda, a que sus hijos puedan obtener becas o solicitar prerrogativas como prestamos, prerrogativas que el ejército si ofrece?. Pa’ pensar plebes.

Por otro lado, ¿qué tan difícil es aceptar que lo que actualmente se esta viendo una desnaturalización de las funciones que están ejecutando las F.A? Nada tienen que estar haciendo los militares construyendo y administrando cosas, eso déjenselo a los civiles. Asimismo ¿qué tan difícil es aceptar que el hecho de pertenecer a las F.A. no se traduce en una superioridad moralidad? Los militares también desaparecen, también violan -derechos humanos y personas- y desde luego, también se corrompen con el narcotráfico, y la prueba mayor no las dio ahí el Sedenaleaks: Desde el Campo Militar No. 1 en la CDMX miembros del ejército han dado a la venta de armas que son de uso propio de las F.A a los integrantes de las criminales. Ósea, ¿en manos de quiénes diablos estamos?

Imagínese usted que increíble hubiera sido que los sujetos a los que elegimos como legisladores hubieren tomado conciencia de que lo que se estaba jugando en esa reforma era la seguridad e integridad de quienes cada seis años acuden a las urnas con la esperanza de que los políticos que llegan al poder acaben con la barbarie que se vive todos los días, que estos Diputados y Senadores hubiesen tenido la disposición de escudriñar los argumentos de sus contrarios y de disentir de las opiniones impuestas por su respectivo líder cuando no estuvieren de acuerdo con ellas, el resultado de ello hubiese sido tenido una reforma totalmente diferente, que se pudiera percibir a nombre de la mayoría y no como lo que se realmente se percibe: una reforma que obedece a los deseos de un solo hombre, el inquilino de Palacio Nacional –cuya política de seguridad se traduce en muertos y más muertos btw-.

Nos vemos el próximo lunes para hablar de nuestros Zook Politikon.