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Mi détox de Twitter.

Por Adrian Espinosa.

Tengo cuenta de Twitter desde el año 2009, en aquel momento la plataforma era algo radicalmente distinto de lo que ahora es. Han habido muchísimos cambios en la estructura de la plataforma, los botones, la interfaz y la línea del tiempo. Agradezco demasiado a quien se le haya ocurrido una red social de este tipo, por más que tenga sus pros y contras, porque es un bálsamo tener donde colgar tus desvaríos.

Para empezar, en ese momento nadie estaba en Twitter y pasaba por alto en todos lados, su reconocimiento y alcance no llegaría hasta unos años después. La gente ponía los tweets más mundanos e inofensivos del mundo, nadie se ofendía ni nadie estaba pendiente para “cancelar” a otro que se haya pasado de “rosca”.

Flashforward, año 2019. La reciente elección presidencial dividía al país en dos bandos irreconciliables: chairos y fifís, si no estás conmigo estás contra mi (Anakin Skywalker) cada decisión presidencial, cada mañanera, comentario del propio AMLO, video sacado o no fuera de contexto o lo que se colara a la opinión pública, ponía a todo mundo alerta y en posición de opinión.

Ese año fue el del #LonganizaGate y del trágico evento de los huachicoleros, así como la emergencia por la supuesta falta de gasolina que hizo que todos entraran en pánico. Pues bueno, p

resa o no de esta supuesta polarización que muchos achacaron al presidente (bien pudo haber sido un poco de todo: digitalización, división, redes sociales sin filtro) muchas veces me dejé llevar por este remolino de emociones que me hacían tweetear cosas que a propios y extraños podían sorprender.

Es obvio que nunca le puedes dar el gusto a todos, no puedes caerles bien a todos ni mucho menos. Desconozco si a más de uno sorprendí con mis opiniones “polarizantes”, recuerdo que, tras discutir con conocidos o desconocidos, muchas veces me quedaba con un trago amargo, porque sentía (aún) que consumía toda mi energía y que no era algo saludable estar echando bilis casi a diario.

Sin embargo, no me gustaba quedarme callado en el sentido de mis opiniones políticas, por más que incomodaran a más de uno. Obviamente todo el mundo cambia y se transforma, probablemente en este momento no publicaría algunas de las cosas que publiqué en ese tiempo, porque ya no estoy dispuesto a desgastarme emocionalmente por una guerra de palabras inútil.

Ese año, 2019, fue uno de los más tóxicos de Twitter, sin lugar a dudas, porque coincidió con el primer año de mandato de AMLO, entre otras particularidades. La magia de esas polémicas de 2019 es que todo mundo se sentía aludido por tus tweets, aunque bajo ninguna circunstancia hubieras referido a esa persona indirecta o directamente con tu tweet, ahí radicaba la magia.. o lo tóxico.

Recuerdo uno en particular en el que criticaba una marcha en vs de AMLO que tenía tintes fascistas, porque bueno no se podía alabar demasiado una marcha que procuraba epítetos racistas y mandaba a los centroamericanos de vuelta a sus fronteras, ¿no?; en alguna otra ocasión critiqué la aparición de Felipe Calderón en un foro del Tec de Monterrey, lo cual tampoco agradó mucho a algunos de mis seguidores, porque según su visión, yo estaba “censurando” a Calderón.

También las marchas feministas o en vs de la violencia en general sacaban chispas en Twitter, pues algunas voces aseguraban que “esas no eran las formas”, aquellos días eran de una avalancha de opiniones publicadas en aquel remolino sin filtro. Videos de monumentos vandalizados, cristales rotos, la masa enfurecida o el clamor de justicia eran lo recurrente durante estas manifestaciones, encontrando su recepción en la red del pajarito azul.

Otro tema del que me gustaba opinar y raspar muebles era el de los Whitexicans, que en sí no tenía una implicación política, pero era muy controversial. Más de una vez se me acusó de incongruente porque, según algunos, yo pertenecería a este segmento poblacional, aunque, como buen neologismo, nadie sabe a ciencia cierta qué es y qué no es un Whitexican.

Si nos apegamos únicamente al término, efectivamente yo sería un whitexican, porque soy un mexicano de piel blanca, pero si queremos ver más allá y tomar en cuenta las actitudes, filosofías y valores en torno a este grupo, pues me parece que no cabría yo ahí, porque por más que mi crianza haya sido dentro del privilegio, nunca se me fomentó el menospreciar a nadie en términos de clase, género o raza.

Creo que mucha gente tenía la piel muy delgada en ese momento, las opiniones ligeramente cargadas hacia la izquierda les ponían los pelos de punta, pero se entiende, porque el grueso de la población mexicana sigue siendo bastante conservadora-religiosa.

Creo que no me arrepiento (note usted mi influencia católica al hablar de arrepentimiento en un tema de opinión) de nada de lo que escribí, porque no tengo ninguna razón para autocensurarme ni mucho menos, sería darle un tiro en el pie a mis percepciones políticas.

En fin, Twitter en este momento no está tan tóxico como en ese año, ahora dedico mis tweets a las cosas menos controversiales posibles y priorizo la parte lúdica antes que nada, de cierta forma creo que me he estado auto-censurando, pero todo sea por el bienestar emocional de quien escribe.