La marcha de la división.

Por Vaquero González

En México, cada generación carga con sus propias batallas. Pero pocas han nacido con tanto ruido, tanta rabia contenida y tan poca confianza en las instituciones como la llamada Generación Z. Lo que vimos en la marcha reciente (un río de jóvenes exigiendo ser escuchados) fue interpretado de la peor manera posible: como un acto partidista, como una “marcha de la oposición”.

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El problema no es la marcha. El problema es el reflejo automático de un país que politiza todo antes de analizar algo. México lleva años atrapado en un péndulo donde ningún tema puede discutirse fuera de la lógica “eres gobierno” o “eres oposición”. Y mientras tanto, la realidad avanza:

● El 10% más rico concentra más del 60% de la riqueza nacional.
● En promedio, ocurren más de 80 homicidios diarios.
● Más de 33 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años viven en condiciones de desigualdad educativa o laboral.
● El 43% de los jóvenes asegura que “si pudiera, se iría de México para siempre”

Con este panorama, es evidente que ningún presidente (de izquierda, derecha o centro) puede arreglar un país así en 6, 12 o 18 años. Cualquier persona mínimamente informada lo sabe. Pero el punto no es la velocidad: es que ni siquiera estamos discutiendo los problemas reales. Estamos discutiendo quién “ganó la narrativa”.

El tema principal: soberbia

El gobierno (como tantos otros gobiernos antes) cometió el error más grave: minimizar, desestimar, burlarse, reducir la protesta juvenil a una caricatura. Asumir que miles de jóvenes en las calles eran simplemente “manipulados de la derecha”. Es la misma soberbia que ha hundido países donde la política deja de escuchar porque está demasiado ocupada defendiéndose a sí misma.

Y también seamos claros: parte de la oposición se trepó a la marcha para intentar apropiarse de una conversación que no construyeron. Eso tampoco ayuda. El resultado: la juventud queda atrapada en una guerra que no es suya.

Vamos a comparar Chile ofrece un ejemplo reciente del costo de interpretar todo por lentes partidistas.

Entre 2019 y 2022, las marchas masivas —lideradas por jóvenes— pedían reformas estructurales urgentes.

¿Qué hizo el sistema político?
● Acusó a los jóvenes de ser manipulados.
● Politizó cada protesta.
● Redujo todo a “izquierda vs. derecha”.

¿El resultado?

Un proceso constituyente rechazado dos veces, una sociedad más dividida y un profundo desgaste institucional. La soberbia de creerse siempre bajo ataque terminó por cerrar la puerta a las soluciones reales.

Otro ejemplo: en 2011, los “indignados” salieron a las calles de España reclamando precariedad laboral, corrupción y falta de oportunidades. La respuesta del gobierno fue la misma que México repite hoy: minimización, burla, desdén y politización. ¿El resultado? Un país fragmentado en múltiples partidos, un ciclo de polarización permanente y una generación frustrada por no ser escuchada.

El tema: La marcha de la Gen Z debería preocuparnos por una razón más profunda: si seguimos politizando absolutamente todo, perdemos la posibilidad de arreglar los problemas que sí importan.

Porque mientras discutimos hashtags, la desigualdad sigue creciendo. Mientras criticamos quién marchó, la violencia sigue normalizada. Mientras nos peleamos por colores, la educación, la salud, la justicia y la movilidad social se desploman. Y lo más grave: este malestar no empezó ayer ni pertenece a un solo partido. México arrastra esta fractura desde hace décadas. No es Morena, no es el PRI, no es el PAN: es la clase política mexicana en su conjunto, una élite que históricamente ha buscado una sola cosa: poder. No soluciones, no diagnósticos, no país. Poder.

Todos buscan ganar la narrativa, ganar la mañana, ganar la elección. Pocos buscan ganar el futuro. Donde está el eje de todo Porque al final, lo que preocupa no es la marcha. Lo que preocupa es que todo (absolutamente todo) se politiza al instante, hasta el punto de nublar cualquier posibilidad de soluciones reales. En México ya no analizamos: reaccionamos. Ya no debatimos: descalificamos. Ya no escuchamos: etiquetamos. Y esa es la raíz del problema.

Si seguimos así, México no va a colapsar por quién gobierne; México va a colapsar porque dejó de escuchar, dejó de dialogar y dejó de priorizar lo que sí importa. Porque cuando politizas todo, dejas de arreglar todo.

Ese es el verdadero peligro, no la Generación Z: sino un país donde el poder importa más que las soluciones.

Vaquero González
Columnista
Héctor “El Vaquero” González Fernández es un joven líder mexicano con una sólida vocación de servicio y un compromiso genuino por construir un país más justo, informado y participativo. Actualmente cursa la carrera de Derecho en la Universidad Humanitas, complementando su formación con diplomados en Derecho Constitucional (Universidad Veracruzana), Matemáticas Financieras (HSE University), Formación Política (Juventudes en Transformación), Anticorrupción (Secretaría del Sistema Nacional Anticorrupción), y Fortalecimiento de Organizaciones de la Sociedad Civil (UAQ). Su historia política comienza desde niño, pero es a partir de los 13 años cuando inicia formalmente su participación activa, motivado por un interés auténtico en mejorar su entorno, combatiendo las desigualdades sociales y una de sus principales causas: la sobreinformación y la desinformación sistemática que afecta la toma de decisiones ciudadanas. Actualmente es Enlace Parlamentario Tipo A en la Cámara de Diputados Federal, dentro de la Comisión de Protección Civil y Prevención de Desastres, donde trabaja de la mano del Diputado Federal Luis Humberto Fernández, impulsando políticas públicas enfocadas en la protección social, la prevención de riesgos y el bienestar de las comunidades más vulnerables. Su experiencia laboral incluye roles estratégicos como Secretario Particular de Regidora Municipal, Asesor de Regidor, Coordinador Juvenil en campañas electorales locales y federales, así como Pasante jurídico en la Notaría Pública 56, desarrollando una visión integral entre la operación política, el territorio, y la legalidad institucional. Héctor es Presidente y Fundador de Euforia Juvenil, una organización juvenil con presencia en todo el Bajío aliada con el UNESCO Center for Peace, donde promueve la participación juvenil en política, la formación cívica y la creación de espacios de diálogo. Su compromiso le ha llevado a representar a México como Delegado Juvenil ante la UNESCO, así como a participar como Senador Juvenil y Diputado Juvenil. Con una visión integral del servicio público, combina el trabajo legislativo con un fuerte activismo mediático. Es columnista en Politikmnte y colaborador en medios como Chismecito Político y Querétaro de Verdad, donde ha escrito sobre fake news, sobreinformación y civismo digital, defendiendo la necesidad de construir una ciudadanía más crítica y consciente. En el ámbito digital, Héctor conecta diariamente con miles de jóvenes a través de sus redes sociales, especialmente en TikTok, donde suma más de 22,000 seguidores, así como en Instagram, donde genera contenido educativo sobre política, participación ciudadana y denuncia social. Su vocación pública tiene raíces familiares: hijo de Mireya Fernández Acevedo, destacada lideresa social y candidata en 2024, y de Héctor González, ex candidato en 2021, ha crecido en un ambiente de servicio comunitario. Además, su abuelo, el reconocido periodista Héctor Joaquín “El Plátano” González, dejó huella en la comunicación política nacional como referente dentro del Centro de Comunicación Social del PRI y colaborador cercano de la Cámara de Senadores, lo cual marcó profundamente su sensibilidad sobre la importancia de la información veraz y responsable. Héctor “El Vaquero” González representa una nueva generación de jóvenes políticos que no buscan ocupar espacios por vanidad, sino para defender causas, combatir la ignorancia que perpetúan las noticias falsas, y abrir puertas a las juventudes que, como él, creen en una política más honesta, cercana y con verdadera vocación social.

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