¡Austeridad en el discurso, lujo en la mesa! El Senado se da banquete de más de 188 millones de pesos en comidas.

23 Diciembre de 2025.- Mientras el discurso oficial insiste en la austeridad, la realidad presupuestal del Senado de la República parece contar otra historia. De acuerdo con información periodística, la Cámara alta destinó más de 188 millones de pesos del erario a servicios de alimentos y bebidas, una cifra que contrasta de forma directa con el llamado permanente a la contención del gasto público.

El monto —que supera los 188 millones 600 mil pesos— fue ejercido para cubrir comidas relacionadas con actividades legislativas y administrativas, en un país donde millones de personas enfrentan el aumento del costo de vida, la precarización laboral y la reducción de recursos en sectores clave como salud, educación y servicios públicos. En pocas palabras: mientras a la ciudadanía se le pide apretarse el cinturón, en el Senado parece haber presupuesto suficiente para el menú completo.

Canal de whatsapp Politikmnte

Este gasto millonario no es un asunto menor ni una simple anécdota contable. Representa una señal clara de desconexión entre el poder legislativo y la realidad social. En un contexto donde se exige responsabilidad, eficiencia y justicia fiscal, resulta difícil justificar que una de las instituciones más costosas del país destine tal cantidad de recursos a comidas, cuando esos mismos fondos podrían traducirse en políticas públicas de impacto directo para la población.

Desde una perspectiva progresista, el debate no gira únicamente en torno a cuánto se gastó, sino en qué se decidió gastar. La austeridad no puede ser un concepto selectivo que se aplique solo hacia abajo, mientras en las altas esferas del poder se normalizan gastos que rozan el privilegio. La coherencia política se demuestra en el presupuesto, no en el discurso.

El caso abre una pregunta incómoda pero necesaria: ¿a quién sirve el gasto público cuando se priorizan banquetes institucionales sobre necesidades sociales? En un país marcado por la desigualdad, cada peso del erario debería responder a criterios de bienestar colectivo y no a inercias burocráticas que reproducen excesos del pasado.

Más allá de colores partidistas, el uso de 188 millones de pesos en alimentos obliga a replantear el verdadero compromiso del Senado con la austeridad republicana. Porque si la austeridad solo se predica, pero no se practica, deja de ser política pública y se convierte en simulación.

La ciudadanía no pide milagros, pide congruencia. Y en tiempos donde la exigencia social es clara, el mensaje también debería serlo: el dinero público no es para el banquete del poder, es para el bienestar del pueblo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Biografía del autor. Trayectoria. Premios, lugares donde ha escrito y demás. 

CONTENIDOS

ARTÍCULO

LO QUE SIGUE
ÚNETE A NUESTRA CONVERSACIÓN

Suscríbete para recibir contenido exclusivo y no perderte ninguna actualización de nuestros columnistas.