Durante la plenaria de senadores del Partido Acción Nacional, el coordinador parlamentario Ricardo Anaya lanzó una crítica directa a la política exterior del gobierno mexicano al afirmar que México está apoyando, en los hechos, a un régimen autoritario.
Anaya sostuvo que, si bien Cuba requiere apoyo humanitario, el envío de petróleo por parte del gobierno de México no se traduce necesariamente en beneficios para la población cubana, sino que termina fortaleciendo al régimen en el poder. Desde su perspectiva, esta acción contradice los principios democráticos que México dice defender en el ámbito internacional.
El legislador panista subrayó que la ayuda humanitaria debe canalizarse de manera que llegue directamente a las personas, y no mediante esquemas que, según su argumento, refuerzan estructuras gubernamentales autoritarias. En ese sentido, cuestionó que el respaldo energético a Cuba se haga sin condiciones claras de transparencia o garantías de impacto social.
Las declaraciones de Anaya reavivan el debate sobre la relación bilateral entre México y Cuba, así como sobre los límites entre la solidaridad internacional, la cooperación energética y la postura frente a regímenes con señalamientos de falta de libertades políticas. Para el PAN, el apoyo no debe convertirse en respaldo político implícito.
El posicionamiento ocurre en un contexto donde la política exterior mexicana ha sido defendida por el gobierno federal bajo los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, pero que, desde la oposición, es vista como una narrativa que evita el debate sobre democracia y derechos humanos.
Con este señalamiento, Ricardo Anaya coloca nuevamente en la agenda pública una discusión clave: cómo apoyar a los pueblos sin legitimar a los gobiernos, y hasta dónde llega la responsabilidad política de México cuando sus decisiones energéticas tienen impacto directo en otros regímenes.


