Ciudad de México. 24 Junio 2026.- Dados los acontecimientos recientes en Colombia, expresamos nuestra solidaridad con el líder social Iván Cepeda y con los millones de colombianas y colombianos que han levantado la bandera de la paz, la justicia social y la transformación democrática de su país.
Iván Cepeda es un hombre honesto, congruente y comprometido con las mejores causas para Colombia y las de América Latina. Su vida ha estado dedicada a la defensa de los derechos humanos, a la búsqueda de la verdad, a la construcción de la paz y a la dignificación de quienes históricamente han sido excluidos. Desde Morena reconocemos su trayectoria, que es la de un luchador social que nunca ha renunciado a sus principios.
A pesar de la guerra sucia, de la presión de los poderes fácticos, de la intervención de intereses que durante décadas han intentado impedir los cambios profundos, millones de personas depositaron su confianza en un proyecto de esperanza. Ese respaldo popular merece respeto.
Por ello, resulta preocupante que algunos sectores pretendan dar por concluido un proceso electoral cuyo margen es extraordinariamente reducido —apenas el 0.9%, equivalente a menos de 250,000 votos—. La democracia no puede construirse sobre la prisa de la ultraderecha para generar una narrativa de un supuesto triunfo anunciado desde el exterior. La democracia exige certeza, transparencia y pleno respeto a la voluntad popular.
En América Latina conocemos bien las consecuencias de ignorar estas lecciones. Los pueblos de nuestra región han padecido fraudes, persecuciones, campañas de miedo, operaciones mediáticas y múltiples formas de intervención destinadas a impedir que las mayorías ejerzan plenamente su derecho a decidir su destino.
En México no olvidamos lo ocurrido en 2006: una elección fraudulenta definida por una diferencia mínima que dejó una profunda herida democrática en nuestro país.
Aquella experiencia nos enseñó que la defensa del voto es una obligación moral para quienes creemos y luchamos por la democracia.
Hay que recordar que gracias a la lucha de Andrés Manuel López Obrador y al pueblo de México, hoy los votos cuentan y se cuentan. Si en Colombia, la diferencia de la elección presidencial es menor al 1% de la votación, debe realizarse el recuento voto por voto para respetar la voluntad popular.
Esta exigencia de transparencia tiene además un sustento inapelable en la historia reciente de la propia Colombia. En las elecciones legislativas de 2022, el escrutinio oficial permitió recuperar cerca de 390,000 votos en favor del cambio que el preconteo había omitido. Si la diferencia actual en las urnas es menor a esa cifra, la prudencia política y la legalidad institucional obligan a revisar cada acta y cada formulario, y a desahogar con rigor la revisión de las más de 33,000 mesas que han sido legítimamente impugnadas.
Por eso sostenemos que toda revisión, todo recuento y toda instancia legal prevista por la legislación colombiana debe agotarse plenamente antes de que nadie pretenda cerrar el debate democrático. Defender el derecho de los pueblos a que cada voto sea contado y respetado nunca será un exceso; por el contrario, es la esencia misma de la democracia.
También vemos con preocupación el avance de expresiones de ultraderecha que buscan reinstalar en nuestra región proyectos basados en la exclusión, el odio, la persecución política, el debilitamiento de los derechos sociales y el sometimiento de los intereses nacionales a poderes económicos que nunca han representado a los pueblos. La historia demuestra que cuando la ultraderecha llega al poder, quienes primero pagan las consecuencias son las comunidades rurales, los trabajadores, las mujeres, los jóvenes, los pueblos originarios y todos aquellos sectores que luchan por una sociedad más igualitaria y justa. Por ello, la defensa de la democracia y los derechos sociales es hoy una tarea fundamental para toda América Latina.
Por eso la paz, los derechos humanos y la democracia deben estar por encima de cualquier interés político o económico. Nuestra solidaridad está con Iván Cepeda, con su movimiento y con el pueblo colombiano que ha demostrado una vez más una extraordinaria vocación democrática.
La historia nos enseña que los pueblos nunca se equivocan cuando luchan por la justicia. Y también nos confirma que ninguna transformación verdadera se conquista renunciando a la defensa de la voluntad popular. Hasta que el último voto sea contado y hasta que la verdad democrática quede plenamente esclar


