Construir ciudadanía en tiempos de desconfianza.

Por Brandon Ante

Vivimos en la era del cerrojo, el que hemos instalado en nuestra disposición para creer en los demás; si hiciéramos una radiografía del ánimo social contemporáneo, el diagnóstico sería una fatiga crónica de la confianza: miramos de reojo al político que promete, al periodista que informa, al empresario que vende, y lo más preocupante, al desconocido que camina a nuestro lado, la desconfianza se ha convertido en nuestro mecanismo de defensa por defecto, una armadura que, aunque nos protege de posibles engaños, también nos está asfixiando por falta de oxígeno social.

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Construir ciudadanía en tiempos de desconfianza es un ejercicio de valentía cotidiana, ser ciudadano hoy parece haberse reducido a un trámite burocrático o al acto solitario de marcar una boleta electoral cada tres o seis años, sin embargo, la verdadera ciudadanía es un músculo que se atrofia si no se usa, y su alimento principal es la certeza de que el otro (ese que piensa distinto, que vive en otra colonia o que tiene otra realidad), es un socio legítimo en la construcción del futuro, no un enemigo al que hay que vencer o del cual hay que cuidarse.

¿Cómo llegamos a este punto de sospecha generalizada?, la respuesta es una responsabilidad compartida que ha devaluado la palabra pública, desde las esferas del poder, el discurso se ha vuelto una herramienta de división que señala culpables en lugar de convocar aliados. Paralelamente, las plataformas digitales nos han encerrado en burbujas de eco donde el “otro” deja de ser una persona con matices para convertirse en una caricatura fácil de odiar; incluso en lo económico, cuando el sistema parece premiar la trampa y castigar la honestidad, el cinismo se instala como estrategia de supervivencia, “si nadie respeta la fila, yo tampoco”, así, hemos ido desmantelando los pequeños acuerdos que hacen que la vida en comunidad sea tolerable.

¿Es posible reconstruir este tejido cuando parece que los hilos están tan podridos?, sí, pero bajo un enfoque de esperanza realista, no estamos hablando de una utopía donde todos nos abrazaremos de la noche a la mañana, la esperanza realista no ignora las heridas, pero se niega a que la cicatriz sea lo único que defina nuestra identidad, esta reconstrucción comienza en lo pequeño y lo inmediato: se construye ciudadanía cuando un vecino se organiza con otro para mejorar su cuadra, cuando un joven verifica una noticia antes de compartirla o cuando un político admite un error y rectifica, estos son actos ciudadanos.

La confianza se recupera a través de la “micro colaboración”, no debemos esperar grandes pactos nacionales que bajen desde las alturas para salvarnos, la salud de la vida pública reside en los acuerdos mínimos: yo respeto tu espacio, tú respetas mi tiempo, yo cumplo mi palabra, tú cumples la tuya, es un efecto dominó que devuelve la fe en lo colectivo y nos saca del aislamiento.

Al final del día, la desconfianza es una forma de soledad, y nadie puede prosperar solo en un mundo tan complejo como el nuestro, construir ciudadanía hoy es el acto de rebeldía más grande que podemos ejercer, es decidir volver a mirar al otro a los ojos, reconocer su dignidad y entender que nuestro destino sigue estando irremediablemente atado al de los demás, no se trata de confiar a ciegas, sino de construir, paso a paso, un mundo donde valga la pena abrir de nuevo los cerrojos.

Brandon Ante
Columnista
Brandon Alejandro Ante Vargas, es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Nayarit; Consultor Político-Legislativo en “Estudio Siete Punto Nueve”, una Consultoría Especializada en materia Legislativa, Reglamentaria, Normativa, Política y de Imagen Pública. Analista Político; Columnista; y Subsecretario Nacional de Vinculación en la Secretaría de Estudiantes de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas.

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