Irán y el estrecho que puede paralizar al mundo.

Por Vaquero González

Durante décadas, la relación entre Estados Unidos e Irán ha sido uno de los ejes más peligrosos de la geopolítica global. No se trata únicamente de ideología, religión o influencia regional. En el fondo, se trata de algo mucho más antiguo y poderoso: energía, comercio y control estratégico del planeta.

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Irán ocupa una posición geográfica que lo convierte en un actor imposible de ignorar. En su territorio y en sus costas se encuentra el Estrecho de Ormuz, una franja marítima de apenas unos kilómetros de ancho que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo. Por ese estrecho circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial y una parte crucial del gas natural licuado que alimenta a las economías industriales del planeta.

En términos simples: si el Estrecho de Ormuz se detiene, la economía global entra en shock.

Además, la región del Golfo Pérsico concentra más del 50 % de las reservas probadas de petróleo del mundo, lo que convierte a Medio Oriente en el corazón energético del sistema económico internacional. Durante años, esta realidad generó una paradoja estratégica: Estados Unidos es la potencia militar dominante, pero no puede atacar directamente a Irán sin poner en riesgo la arteria energética del planeta.

Por eso la seguridad energética ha sido siempre la prioridad. Y aquí entra otro capítulo clave del tablero geopolítico: el control de fuentes alternativas de petróleo. En las últimas décadas, Washington ha reforzado su influencia en América Latina, particularmente en países con enormes reservas como Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. En términos estratégicos, garantizar acceso a fuentes externas de energía reduce la vulnerabilidad frente a crisis en Medio Oriente.

La historia moderna demuestra que los conflictos por recursos rara vez se explican solo con discursos oficiales. Se explican con mapas, rutas marítimas y reservas energéticas. Y en ese contexto aparece una pregunta incómoda sobre el papel de las intervenciones internacionales.

Es así como USA puede intervenir en países que nadie le pidió su “ayuda”, cuando históricamente cada que usa invade deja echo trizas el país, sacando recursos naturales, mano de obra y recursos financieros. Imagínense; fulminaron Gaza para poder seguir construyendo edificios de lujo y estadios, quieres expandir Israel a la franja de Gaza pero que estado es legitimo si esta construido sobre sangre, muerte y sufrimiento.

La tensión actual entre Estados Unidos, Israel e Irán no es menor. En los últimos días, los ataques cruzados han provocado que el tráfico marítimo en el Golfo Pérsico se reduzca drásticamente y que decenas de petroleros permanezcan anclados por miedo a ataques. Esto ya está impactando los precios del petróleo y del transporte global. Cuando el petróleo sube, sube todo: alimentos, transporte, electricidad, producción industrial. Es una reacción en cadena.

En ese escenario, el mayor riesgo no es únicamente una guerra regional, sino un colapso logístico y económico global.

Lo que sigue es esperara que el congreso de USA pueda frenar a usa y parar esta masacre pero claramente el MISSAHD (Israel) tiene apretados a las y los políticos de US Y EL MUNDO con los archivos de Epstein, imagínate que aparece más el nombre de Donald Trump en los arches de Epstein que el nombre harry potter en los libros de harry potter.

Más allá de las teorías o interpretaciones políticas, lo cierto es que el sistema internacional atraviesa un momento de extrema fragilidad. Las grandes potencias compiten por influencia, los conflictos regionales se multiplican y el equilibrio energético del planeta depende de corredores marítimos extremadamente vulnerables.

Uno de ellos es precisamente el Estrecho de Ormuz, mismo que con un cierre total generaría el shock de la economía mundial y el epicentro de un conflicto económico y armado al mismo tiempo que cobraría vidas humanas, no solo con balas sino con un arma aún más letal; EL HAMBRE

La historia demuestra que las guerras modernas no siempre matan únicamente con misiles. También matan con inflación, con escasez y con el colapso de las cadenas de suministro. Y en un mundo interconectado, una chispa en Medio Oriente puede terminar encendiendo incendios económicos en todos los continentes.

Hoy la humanidad enfrenta una decisión colectiva: normalizar el conflicto permanente o exigir que la diplomacia vuelva a ocupar el lugar que nunca debió perder. Porque la indiferencia frente al sufrimiento humano nunca ha sido neutral. Siempre ha sido complicidad.

Vaquero González
Columnista
Héctor “El Vaquero” González Fernández es un joven líder mexicano con una sólida vocación de servicio y un compromiso genuino por construir un país más justo, informado y participativo. Actualmente cursa la carrera de Derecho en la Universidad Humanitas, complementando su formación con diplomados en Derecho Constitucional (Universidad Veracruzana), Matemáticas Financieras (HSE University), Formación Política (Juventudes en Transformación), Anticorrupción (Secretaría del Sistema Nacional Anticorrupción), y Fortalecimiento de Organizaciones de la Sociedad Civil (UAQ). Su historia política comienza desde niño, pero es a partir de los 13 años cuando inicia formalmente su participación activa, motivado por un interés auténtico en mejorar su entorno, combatiendo las desigualdades sociales y una de sus principales causas: la sobreinformación y la desinformación sistemática que afecta la toma de decisiones ciudadanas. Actualmente es Enlace Parlamentario Tipo A en la Cámara de Diputados Federal, dentro de la Comisión de Protección Civil y Prevención de Desastres, donde trabaja de la mano del Diputado Federal Luis Humberto Fernández, impulsando políticas públicas enfocadas en la protección social, la prevención de riesgos y el bienestar de las comunidades más vulnerables. Su experiencia laboral incluye roles estratégicos como Secretario Particular de Regidora Municipal, Asesor de Regidor, Coordinador Juvenil en campañas electorales locales y federales, así como Pasante jurídico en la Notaría Pública 56, desarrollando una visión integral entre la operación política, el territorio, y la legalidad institucional. Héctor es Presidente y Fundador de Euforia Juvenil, una organización juvenil con presencia en todo el Bajío aliada con el UNESCO Center for Peace, donde promueve la participación juvenil en política, la formación cívica y la creación de espacios de diálogo. Su compromiso le ha llevado a representar a México como Delegado Juvenil ante la UNESCO, así como a participar como Senador Juvenil y Diputado Juvenil. Con una visión integral del servicio público, combina el trabajo legislativo con un fuerte activismo mediático. Es columnista en Politikmnte y colaborador en medios como Chismecito Político y Querétaro de Verdad, donde ha escrito sobre fake news, sobreinformación y civismo digital, defendiendo la necesidad de construir una ciudadanía más crítica y consciente. En el ámbito digital, Héctor conecta diariamente con miles de jóvenes a través de sus redes sociales, especialmente en TikTok, donde suma más de 22,000 seguidores, así como en Instagram, donde genera contenido educativo sobre política, participación ciudadana y denuncia social. Su vocación pública tiene raíces familiares: hijo de Mireya Fernández Acevedo, destacada lideresa social y candidata en 2024, y de Héctor González, ex candidato en 2021, ha crecido en un ambiente de servicio comunitario. Además, su abuelo, el reconocido periodista Héctor Joaquín “El Plátano” González, dejó huella en la comunicación política nacional como referente dentro del Centro de Comunicación Social del PRI y colaborador cercano de la Cámara de Senadores, lo cual marcó profundamente su sensibilidad sobre la importancia de la información veraz y responsable. Héctor “El Vaquero” González representa una nueva generación de jóvenes políticos que no buscan ocupar espacios por vanidad, sino para defender causas, combatir la ignorancia que perpetúan las noticias falsas, y abrir puertas a las juventudes que, como él, creen en una política más honesta, cercana y con verdadera vocación social.

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