Por Diana Sugey Mendoza
Todos los días convivimos con personas, platicamos, reímos, compartimos momentos y, aun así, muchas veces somos incapaces de descifrar lo que llevan por dentro. Incluso, en ocasiones, ni siquiera nosotros mismos logramos comprender lo que sentimos o lo que nos sucede.
Generalmente, pensamos en nuestra salud mental y en la importancia de cuidarla cuando atravesamos situaciones que nos sobrepasan, cuando llevamos tiempo sin sentirnos bien, cuando el cansancio parece no desaparecer, estamos constantemente irritables o sentimos que nuestros pensamientos nos gobiernan.
En esos momentos podemos llegar a pensar que estamos solos, que lo que nos sucede únicamente nos pasa a nosotros. Sin embargo, no es así. Esas personas que vemos todos los días riendo, haciendo planes, trabajando y cumpliendo con sus actividades cotidianas también pueden estar atravesando dificultades y cargando con emociones que desconocemos. Porque lo que nos pasa por dentro no siempre se ve, pero también pesa.
Nos cuesta mostrarnos vulnerables. Muchas veces preferimos guardar silencio sobre aquello que nos afecta, convencernos de que ya quedó en el pasado o pensar que, si no hablamos de ello, terminará desapareciendo. Pero no siempre sucede así. Aquello que evitamos reconocer puede encontrar otras formas de manifestarse: a través del cuerpo, de nuestras relaciones, de patrones que repetimos o de la manera en que reaccionamos ante determinadas situaciones.
Actualmente, encontramos una gran cantidad de información sobre salud mental en las redes sociales. Escuchamos hablar de inteligencia emocional, ansiedad, estrés y autocuidado. Sin embargo, entre tanta información, también podemos sentirnos abrumados. ¿De qué nos sirve mirar un video sobre inteligencia emocional si no sabemos cómo llevar ese conocimiento a nuestra vida cotidiana? De ahí la importancia de ser críticos con lo que consumimos y comprender que informarnos no siempre es suficiente.
Cuidar nuestra salud mental no debería ser algo que hacemos únicamente cuando sentimos que ya no podemos más. También está presente en las pequeñas decisiones de todos los días: procurar un descanso adecuado, realizar actividad física, alimentarnos de manera saludable, cultivar relaciones que nos hagan bien, establecer límites, reconocer nuestras emociones y permitirnos pedir ayuda.
También debemos comprender que el bienestar emocional no significa estar felices todo el tiempo, mantener una actitud positiva ante cualquier circunstancia o poder resolverlo todo por nuestra cuenta. Significa reconocer que somos humanos, que hay situaciones que nos duelen, que no siempre tenemos respuestas y que también necesitamos de los demás.
Quizá deberíamos dejar de esperar a sentirnos mal para comenzar a cuidar de nosotros mismos. Aprender a escucharnos, reconocer aquello que nos duele y entender que no siempre podemos con todo. Porque así como dedicamos tiempo a nuestras responsabilidades, al trabajo y a las personas que queremos, también necesitamos encontrar tiempo para nosotros. Después de todo, ¿cuántas veces nos detenemos a preguntarnos cómo estamos realmente? Y, sobre todo, ¿cuántas veces nos permitimos escuchar la respuesta?


