Por Rafael Contreras.
La elección de 2024 no solo devolvió a Donald Trump a la Casa Blanca: le entregó el control de ambas cámaras del Congreso, otorgándole un amplio margen de maniobra para impulsar su agenda política sin grandes obstáculos legislativos. El próximo 03 de noviembre de 2026, ese poder estará nuevamente en disputa.
La posible recuperación del Congreso por parte de los demócratas podría convertirse en un contrapeso a la política de confrontación de Donald Trump. Para México, el resultado abriría la posibilidad de reducir las tensiones comerciales, migratorias y diplomáticas con Washington, aunque no necesariamente modificaría los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Las elecciones intermedias (midterms) no decidirán quién gobierna desde la Casa Blanca, pero sí quién controla el Congreso y, por tanto, cuánto poder conservará Trump durante la segunda mitad de su mandato. En medio del desgaste de su popularidad y de una creciente confrontación política interna, los demócratas tienen ante sí la oportunidad de recuperar el control legislativo y convertirse en un contrapeso a sus decisiones. Para México, el resultado no es menor: podría abrir una ventana de oportunidad para renegociar tensiones comerciales, contener presiones migratorias y redefinir los canales diplomáticos con Washington.
Más allá de la contienda partidista, el resultado cambiará por completo el juego geopolítico de EE. UU., incluyendo -particularmente- su relación con México. Trump, desde su regreso a la Casa Blanca, ha utilizado los aranceles, la guerra comercial y las exigencias migratorias como instrumento de negociación con casi todos los países del mundo (podría decirse que a excepción de China y Rusia, principalmente). En el caso de México, esta política comercial agresiva ha colocado a la administración de la Dra. Claudia Sheinbaum frente a un escenario de incertidumbre permanente.
El triunfo demócrata en el Congreso podría representar algo más que un cambio legislativo, sino que podría frenar la presión de Trump a México para enfocarse en contender en su política interna. Sin embargo, esto no supondría el abandono de las prioridades estadounidenses ni una transformación automática de la relación bilateral, ya que el combate al narcotráfico transnacional ha sido la política apartidista de este siglo, sin lugar a dudas.
Menos presión comercial: una oportunidad para el T-MEC
El primer beneficio potencial para México se encontraría en el comercio exterior. La política arancelaria de Trump ha generado incertidumbre para las empresas que participan en las cadenas productivas de América del Norte. La industria automotriz, siderúrgica, electrónica y manufacturera mexicana depende de condiciones comerciales estables para mantener sus inversiones, producción y exportaciones.
Un Congreso demócrata podría impulsar una mayor supervisión de las facultades presidenciales arancelarias y exigir justificaciones económicas para determinadas medidas y promover cambios legislativos que limiten el uso discrecional de ciertos instrumentos comerciales. Esta posibilidad resulta especialmente relevante ante la revisión del T-MEC. Si bien Washington ha planteado modificaciones y exigencias adicionales, la integración económica norteamericana también beneficia a empresas, trabajadores y consumidores estadounidenses.
El efecto esperado no sería necesariamente la eliminación de los aranceles, sino una mayor dificultad política para que Trump siga usando los aranceles como lo ha hecho en esta segunda administración. Esto podría contribuir a recuperar la confianza de los inversionistas, reducir la incertidumbre empresarial y fortalecer la posición de México como agente manufacturero en Norteamérica.
México ante el nuevo equilibrio de Washington
Si los demócratas recuperan el Congreso, México podría enfrentar un escenario de menor confrontación política con Washington y, en cambio, es un área de oportunidad para obtener mejores condiciones para defender sus intereses comerciales y diplomáticos. Sin los republicanos mantienen el control legislativo, la administración Trump conservaría un respaldo político más favorable para continuar su agenda.
Sin embargo, incluso en el primer escenario, México deberá comprender que los intereses estadounidenses no cambiarán necesariamente con la composición del Congreso. La competencia económica con China, la protección de la industria nacional, el control migratorio y la exigencia de resultados en seguridad seguirán presentes.
Por ello, el gobierno de Claudia Sheinbaum debe prepararse para aprovechar cualquier oportunidad de distensión: fortalecer la defensa jurídica del T-MEC, diversificar mercados, generar certidumbre para las inversiones y consolidar una cooperación en seguridad que respete la soberanía nacional.
Conclusión
Para México, la relevancia de este posible reacomodo no radica en que los demócratas representen necesariamente un aliado, sino en que su presencia en el Congreso podría equilibrar una relación bilateral que ha estado sometida a fuertes presiones desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.
El verdadero desafío para México será aprovechar ese posible periodo de distensión para fortalecer su posición económica, diplomática e institucional. Porque el fin de la hegemonía legislativa de Trump podría abrir una oportunidad para nuestro país, pero corresponde al Estado mexicano convertirla en una ventaja duradera.


