Castillos de arena.

Por Alberto Tinajero.

No es una norma pero parece que en México es casi un requisito que para alcanzar un cargo de elección popular, los políticos dependan en un 70% de la suerte, 20 % de la capacidad y 10 % de la lambisconería con las cúpulas, lo que sostiene el 100% de su ego, pues piensan que son estrategas o incluso genios en el fino arte de la política. Incluso algunos de sus asesores, encargados de agenta o particulares, sienten que ostentan el mismo poder que sus patrones. Por este motivo,  se atreven a mirar de reojo a los ciudadanos sin reflexionar que en un principio es el pueblo quienes los llevaron a ocupar esos cargos, al que ofrecieron todas las soluciones en campaña pero una vez en el cargo, encontraron únicamente pretextos independientemente del color al que pertenezcan.

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Estos personajes son lobos disfrazados de ovejas, a los que hemos permitido aprovecharse de nuestra necesidad, nuestros sueños y nuestras esperanzas. Se tornan inalcanzables, con una soberbia tan grande como desmedida es su avaricia.

Lo que me parece preocupante es que la esperanza que proviene de las juventudes interesadas en política, en su ímpetu de buscar ocupar espacios ocupados por dinosaurios, nos tornamos egoístas entre nosotros, por un lado algunos consolidando asociaciones con inclinaciones totalmente partidistas utilizando a sus miembros como “estructuras” para esos partidos, por otro lado pensando que únicamente al participar en foros o parlamentos en alguna de las cámaras es lo único necesario para poder ocupar cargos de elección popular. Por último, teniendo todas las posibilidades, el talento, las ganas u oportunidad, no somos capaces de unir nuestros motivos, voces y esfuerzos, por las causas que aquejan a nuestra sociedad.

Los mexicanos merecemos más, pero tenemos muy poco. Quizás  a muchos eso no les importe mientras tengan cualquier privilegio que posean y a los que nos importa, debemos aguardar silencio mientras los de arriba deciden por nosotros, porque levantar la voz es incómodo para muchos. Sin embargo, tengo la esperanza que estas líneas describan el sentir de millones de mexicanos que compartan mis reflexiones y si es así, quiero decirles que la revolución de nuestros tiempos es ideológica, comenzando con creer que en nosotros está la esperanza.

Concluyo con una idea: de nosotros depende el bienestar de nuestra gente. Del mismo modo, si alguno de los de “arriba” leen estas líneas recuerden, que ocupan esos espacios gracias al pueblo y que en ese 100% en el que sustentan su ego, necesitan tener mínimo un 5% de humildad.

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Alberto Tinajero
Columnista

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