Un mexicano al chile.

Por José Miguel Ruiz.

El pudor por la historia ajena me obligó a callar y escuchar. El pundonor por la historia ajena me obligó a callar y escuchar. Y gracias y por consecuencia de ello, ahora tengo la obligación de hablar, pero sólo para compartir un fragmentado relato de una historia ya no tan ajena.

Canal de whatsapp Politikmnte

A falta de un mes para el momento decisivo, los ánimos estaban muy caldeados. El plebiscito se asomaba ya, y junto con él, el clamor de un pueblo no del todo unido. La posibilidad de una nueva Constitución. De despojar de Chile el instrumento formal del Pinochetismo. O de detener, por el momento, el curso de la historia.

Matías, con ojos fervorosos y solemnes, que engloban en un solo sujeto el discurrir histórico que no vivió pero heredó, sostenía a capa y espada que la Constitución de Pinochet tenía que caer. Que las democracias no son perfectas y que, lo verdaderamente trascendente para el devenir histórico, sería el desmarcarse de una época de terror para unos muchos – y de bonhomía para algunos cuantos, desde luego-. Que solo así nacería desde las cenizas un nuevo Chile.

Juan, mayor que Matías, pero que tampoco vivió los 16 años de Pinochet, al menos en pleno desarrollo de su consciencia política, era más cauto. Su preocupación se centraba en el sistema político. Los pesos y contrapesos. De opinión altamente informada y estructurada, aunque su quehacer nada tiene que ver con la política. Si Almond y Verba lo hubiesen escuchado, no tengo la menor duda que a él lo describirían como el arquetipo del Sujeto Participante en su Cultura Cívica. La síntesis de su visión: vale más malo por conocido que bueno por conocer.

Ignacia, a diferencia de Matías y Juan, hablaba desde la historia vivida en carne propia. Poseída por el ardiente fuego de una generación deseosa de su propia reivindicación. De su propia corrección y tacha a su ideograma histórico. Los Chicago Boys se fueron a estudiar a Chicago técnicas sutiles para el saqueo masivo. El sistema de pensiones, un depredador. Los “pacos” y el ejército, el brazo armado del Estado Opresor. Y así sucesivamente. Su argumento principal: la responsabilidad moral e histórica frente a Pinochet.

Tres sujetos distintos, con tatuajes de anales diferentes. Tres sujetos que, a pesar de tan distintos relatos, los unía una misma actitud: el impetuoso ánimo por discutir sobre lo político.

José Miguel Ruiz
Columnista

CONTENIDOS

LO QUE SIGUE
ÚNETE A NUESTRA CONVERSACIÓN

Suscríbete para recibir contenido exclusivo y no perderte ninguna actualización de nuestros columnistas.