Por Diana Sugey.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de la Diabetes (FID) en 1991 crearon el día internacional de la Diabetes. En el 2006, la Organización de las Naciones Unidas oficialmente designó el 14 de noviembre como el Día Mundial de la Diabetes.
Esto con la finalidad de generar conciencia en las naciones sobre la importancia de prevenirlo e idear acciones para concientizar a los ciudadanos sobre esta enfermedad debido al alza que se ha presentado a través de los años. En México, en 2020, la diabetes mellitus pasó a ser la tercera causa de defunciones, superada por el COVID 19 y las enfermedades del corazón (INEGI, 2020). Este fenómeno se ha convertido en un truco que año tras año arrasa con muchas vidas.
Para quienes desconocen el termino, la OMS, la define como una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre (o azúcar en sangre), que con el tiempo conduce a daños graves en el corazón, los vasos sanguíneos, los ojos, los riñones y los nervios.
Los estragos en la diabetes no únicamente son representados a través del cuerpo, también pueden estar presentes en los padecimientos psicológicos que cada paciente con este diagnóstico aqueja. Quien la padece, tiene de 2 a 3 probabilidades más de sufrir depresión que las personas que no la tienen.
Además, sabemos que en la actualidad el estrés es una constante en nuestras vidas. Por lo tanto, si los sujetos con diabetes no se cuidan e intentan vivir una vida más tranquila, se pueden ver afectados sus niveles de azúcar en la sangre, porque las hormonas del estrés hacen que estos suban y bajen de manera impredecible.

Sin embargo, pese a los esfuerzos para disminuir el número de casos diagnosticados y los estragos en el cuerpo y psique, esto no ha sido posible. Vivimos en una sociedad que de una manera u otra pone a disposición los medios para que la enfermedad este presente: primero, los malos hábitos alimenticios impulsados principalmente por el desinterés, desinformación e incredulidad de las consecuencias de esta y la falta de presupuesto que se piensa que se necesita tener para comer de manera más saludable; segundo, el ritmo de vida acelerada siendo lo más fácil y rápido alimentarse con comida rápida; tercero, falta de actividad física, llevamos una vida muy sedentaria; cuarto, para muchos la comida es utilizada como un mecanismo para llenar los vacíos que se presentan en la cotidianidad, una especie de refugio, de consuelo para aliviar los malestares psicológicos de manera momentánea.
La elección de los alimentos y la cantidad que consumismo está muy relacionada con el cómo nos sentimos con nosotros mismo, y la manera en que tenemos para afrontar nuestros problemas; muchas veces somos incapaces de verlos o de aceptarlos y hacer lo que se necesite para que nuestro sentir por nosotros mismos cambie, por la falta de compromiso e incluso de educación que tenemos, además, de que aún, en la cultura se tienen muchos mitos sobre lo que esta mala relación genera en el cuerpo teniendo como consecuencia enfermedades.
Por lo tanto, la diabetes es algo más que un diagnóstico, es la representación de nuestros malos hábitos, nuestras malas decisiones, y nuestra relación con nosotros mismos: malestares psicológicos. Para combatirla e incluso prevenirla es imperativo trabajar desde adentro, es decir, no dejar de lado el acompañamiento psicológico, antes y durante la enfermedad y así no solamente mejorará nuestra salud física, sino también mental.



