El juego de las sillitas.

Por José Miguel Ruiz.

La mística de la política está envuelta entre los adagios; es la experiencia consumada en el lenguaje. También implica una constante disputa simbólica entre posturas encontradas; las balas que se disparan en el campo de la guerra política son de salva. Parafraseando a Winston Churchill: en la guerra, las muertes son totales y en la política son parciales.

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En esa batalla, los adagios y los simbolismos son, en gran medida, los instrumentos de pelea en la cual, dar muerte al a veces enemigo, a veces rival, es expedirle un viaje sin regreso al ostracismo.

Sentencioso, Don Jesús Reyes Heroles legó para la posterioridad el célebre cliché que recitaba: “en política, las formas son fondo”. El pasado domingo, Norma Piña, Presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, encarnó con prestancia la famosa frase de Reyes Heroles. Pero, al mismo tiempo, el Presidente de la República Mexicana hizo gala de su capacidad de enviar mensajes simbólicos y hacer fondo desde la forma.

Resulta que todos los 5 de febrero, la crème de la crèmede la política mexicana se dan cita en el Teatro de la República de la Ciudad de Querétaro, para una vez más conmemorar a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, aquella ante la que juran y protestan hacer como que la defienden y la hacen valer. 

Al frente del imponente escenario del Teatro de la República se situaban las figuras relevantes del momento político. Al centro, como el sol en la teoría heliocéntrica, se encontraba el Presidente de la República. A su mano derecha: su mano derecha, el Secretario de Gobernación. Justo a un lado de su mano derecha, se situaba su otra mano derecha: el Secretario de la Defensa. Y de ahí, casi relegados a la orilla, sentaron a las dos representatividades de los demás Poderes de la Unión: Norma Piña, como presidenta del Poder Judicial de la Federación; Santiago Creel, como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; en otra de las orillas, Alejandro Armenta, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.

La forma es fondo. Relegar a dos poderes de la unión a un costado, en un evento donde se pretende hacer honra al orden constitucional que, principalmente, se constituye de tres poderes, no se trata de un error de logística ni la pifia de un novato, mucho menos una cuestión irrelevante. Se trata de un contundente y calculado mensaje proveniente desde el Ejecutivo Federal o, en el peor de los casos, de un vulgar capricho. El fondo es forma. Sobre todo para Piña y Creel, que no son santos de su devoción.

Pero si al enemigo no se le hiere de muerte – simbólica-, la política siempre le dará revanchas. A la Ministra Piña se le concedió la oportunidad más pronto que tarde.

Al son de los aplausos de pie en pleitesía al Poder Ejecutivo, una sola persona hizo lo que en otros contextos pudo haber sido una profunda descortesía, pero que, ante las circunstancias del momento, se trató de un tremendo mensaje: Norma Piña no lisonjeó a Andrés Manuel López Obrador.

En otras palabras, se puede interpretar que el Poder Judicial de la Federación lanzó un grito de guerra donde dejó claro, al menos desde lo simbólico, que éste no va a claudicar ante los caprichosos designios de un Ejecutivo Federal que, a la sazón de la historia de la política mexicana, se muestra prodigioso en pensarse a sí mismo desde el hiperpresidencialismo. 

El tiempo y las sentencias hablarán, mientras las balas de salva no se dejarán de disparar…

José Miguel Ruiz
Columnista

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