Por Stephany Acuña.
- ¿Por qué las mujeres que decidimos incursionar de lleno en el mundo laboral vivimos el éxito como una experiencia más atemorizante que enriquecedora?
- ¿Por qué no vemos a más mujeres en puestos públicos y de liderazgo?
- ¿Por qué nuestro modelo cultural y mental de persona poderosa sigue siendo irrevocablemente masculino?
Todas esas preguntas han estado rondando por mi cabeza sin parar justo en el marco de conmemoración del Día Internacional de la Mujer, sobre todo porque su servidora decidió adentrarse en dos profesiones que históricamente habían sido reservadas para los hombres: la ciencia política y el derecho.
En el ejercicio profesional de dichas licenciaturas tristemente ha sido normalizado que cuando una mujer logra meta laboral, un ascenso, un puesto se piense que es gracias a que “se metió o es amante de alguien”, lo que es sumamente triste porque por micromachismos así una buena parte de las mujeres vivimos el éxito como una experiencia más atemorizante que enriquecedora, siempre cuidándonos del qué dirán y exigiéndonos a nosotras mismas hasta lo imposible con tal de demostrar nuestra valía.

Desde que leí a Mary Beard, no puedo evitar pensar que una de las muchas razones por las cuales no vemos a más mujeres en puestos públicos y de liderazgo obedece a que nuestro modelo cultural y mental de persona poderosa sigue siendo irrevocablemente masculino, no tenemos ningún modelo del aspecto que ofrece una mujer poderosa, salvo que se parece más bien a un hombre.
¿Será la forma de vestir que tienen las lideresas a lo largo de todo el mundo una táctica paraparecer más viriles y que así puedan encajar mejor en el papel del poder?
¿O cómo se explica el hecho de que Margaret Thatcher tuvo que reeducar su voz, que era demasiado aguda, para darle el tono grave de autoridad?
Este tipo de tácticas contribuyen a que las mujeres sigámonos sintiéndonos excluidas e imitadoras de papeles retóricos que no percibimos como propios. Para encontrarle solución a este problema hemos de reflexionar acerca de lo que es el poder, para qué sirve y cómo se calibra, o, dicho de otro modo, si no percibimos que las mujeres están totalmente dentro de las estructuras de poder, entonces lo que tenemos que redefinir es el poder, no a las mujeres.
No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura. Queda muchísimo por avanzar, muchísimo por luchar y sobre todo, muchísimo visibilizar. Yo aspiro a que todas desde nuestras respectivas trincheras nos involucremos o estemos enteradas en lo que pasa en el ámbito político porque si no pasará lo que dice platón:
“El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres” Y YO LE AGREGARÍA MUJERES PORQUE SIN MUJERES NO HAY DEMOCRACIA.

