Este miércoles ocurrió un hecho sin precedentes en la política estadounidense: por primera vez un ex presidente fue imputado y sometido a proceso. En total son 34 cargos de los que se les acusa, todo a raíz de un supuesto soborno hecho a Stormy Daniels, una actriz de películas porno para ocultar una relación sentimental que alguna vez tuvieron. El magnate republicano se declaró no culpable, iniciando así un proceso que podría durar meses para resolverse.
Sobre si es culpable o no, solo el tiempo nos dirá la verdad, pero en lo que me quiero concentrar en esta columna es en las repercusiones mediáticas que puede tener el proceso judicial, y cómo pueden beneficiar a Trump de cara a sus aspiraciones a la presidencia en 2024, más o menos como ocurrió con nuestro actual presidente en el lejano 2004, cuando Vicente Fox intentó retirarle el fuero.
El proceso y los reflectores que trajo le ha caído como anillo al dedo al ex presidente Donald Trump, ya que viene de una temporada discreta, y recién habiendo recuperada su cuenta de Twitter (gracias a otro magnate loco para muchos como lo es Elon Musk), le da una oportunidad de oro para empezar a colarse en los temas de conversación centrales de la política estadounidense.

Además, si bien el proceso ya comenzó, este es bastante largo, y como había mencionado puede durar meses o hasta años, e incluso el proceso podría detenerse si es que el presidente llega a ser el candidato oficial del partido republicano en noviembre de este año, y a menos que le caiga una medida cautelar, no se ve muy posible que el proceso le llegue a afectar en sus aspiraciones.
De hecho, Trump ya está haciendo uso de esta atención atraída desde el mismo miércoles que lo imputaron, acusando a la justicia y al gobierno de intervenir en el proceso electoral y que habrá consecuencias, dando pie nuevamente al empoderamiento del discurso de sus simpatizantes del “estás a mi favor o en mi contra”, algo así como lo que están aplicando la oposición y Morena en nuestro país.
Si bien en Estados Unidos este hecho jamás se había visto, en México ya presenciamos algo parecido en 2004, cuando el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, tenía claras sus aspiraciones a la presidencia por primera vez, y al ver Vicente Fox, presidente de aquel entonces, que podía ser un gran rival contra su partido, movió a su gobierno para intentar retirarle el fuero por una supuesta invasión de terrenos para construir un camino hacia un hospital, sin embargo, aún con el desafuero consumado, la oposición pública al hecho hizo que el gobierno se echara para atrás con sus intenciones. Al final AMLO se postuló a la presidencia en 2006 con un gran apoyo, perdiendo en las elecciones más cerradas de la historia democrática reciente del país frente a Felipe Calderón.
Ahora, si bien tanto López Obrador como Donald Trump tienen diferencias ideológicas abismales, ambos son un gran ejemplo de que un hecho que está claramente para perjudicarlos mediáticamente puede revertirse a su favor por la atención mediática que reciben, empoderado por una popularidad antes ganada. Al final los dos coinciden en que utilizan todos sus recursos mediáticos para ser un verdadero dolor de cabeza para sus adversarios, al punto de tener a los ciudadanos en la palma de su mano.
Para terminar, aún falta bastante para finales de año, pero si el magnate estadounidense sabe usar los reflectores del juicio a su favor, tendrá una gran ventaja para ganar adeptos de cara a sus intenciones de ser presidente en 2024, así como pudo serlo AMLO en 2006, de no ser que perdió por un muy estrecho margen. De ahí que el presidente mexicano se ponga a su favor cada que puede, mencionando de paso la buena relación que hubo y hay entre ambos. Sobre si es beneficioso para México que llegue otra vez un republicano de la ala radical a la presidencia de nuevo, será otro tema a discutir en otra columna.


