La edad no importa para legislar.

Por Victor Manuel Arredondo Vizcarra

El pasado 11 de abril, por unanimidad en la Cámara de Diputados, se aprobó bajar el mínimo de edad de 21 a 18 años para ser diputado, y de 30 a 25 años para ser secretario de Estado. La noticia fue ampliamente difundida, y celebrada por jóvenes que se dedican a la política y a su difusión entre los jóvenes, así como políticos que están convencidos de que los jóvenes somos el futuro. No obstante, también hay muchas personas que tanto en redes sociales como en los medios de comunicación han criticado esta decisión, pues creen que un joven de 18 años no está preparado ni mental ni académicamente para un cargo público.

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Considero que yo, cómo joven de 22 años con aspiraciones a algún día desempeñarse en un cargo de elección popular y dejar huella en su ciudad, estado y país, con la capacidad de hablar de ello en un medio como lo es Politikmente, tiene que hablar del tema, así que esta columna va dedicada para este tema.

Primero que nada quiero resaltar el gran logro que representa bajar la edad para ser diputado. Que el proyecto haya pasado por unanimidad habla de la voluntad política de legislar en el tema, de darle la importancia que se merece a la juventud mexicana, una que por muchos años fue infravalorada y menospreciada, y que quizá por esto la mayoría de los jóvenes no están interesados en la política más allá de votar (o a veces ni siquiera en eso).

Parafraseando a dos de mis tiktokers jóvenes favoritos Gerardo Vera y Gerardo Ocampo, el hecho de que ahora con 18 años puedas ser diputado no significa que vayan a aparecer jóvenes de la noche a la mañana en un curul, pero si va a hacer que los jóvenes sepan que tienen esa posibilidad, y que tengan un incentivo o un objetivo a la hora de incursionar en la política sin perder de vista sus ideales. Esta oportunidad refuerza los esfuerzos de miles de jóvenes que han intentado acercar la política a otros jóvenes, y que vean por qué es importante hacer algo por nuestro país, y es algo que aplaudo y admiro mucho.

Por otra parte, entiendo la preocupación de muchos mexicanos por la preparación de los jóvenes que aspiren a estas oportunidades, que no estén a la altura de las circunstancias o bien que solo vayan a levantar la mano por lealtad a un político o un partido. Para esto tengo una respuesta corta pero contundente: cualquier joven que tiene la capacidad y el conocimiento para ser un líder entre jóvenes, además de la confianza y valentía  para tener esa responsabilidad está más que apto para ser diputado. Conozco a varios jóvenes que están en esa posición y se mueren por tener una oportunidad para ser diputados o regidores, pero “por estar muy chavos” no la tienen.

¿Que si les falta experiencia? Puede ser que si, pero tampoco ayuda que si no eres hijo o padrino de alguien, lo mejor que pueden hacer es sacar copias o minutar reuniones. ¿Que si les falta madurez? Es raro que alguien con liderazgo y trayectoria dentro de un partido político que haya obtenido la oportunidad de aspirar a un lugar en el Congreso no sepa la responsabilidad que conlleva. ¿Que si no tienen la educación suficiente para hacer bien su trabajo? Si nos vamos a la ley, no es necesaria, por no mencionar que quien busca estar en dónde se toman decisiones, busca estar preparado para entender y aportar a los problemas por atender.

Haciendo un poco más énfasis en la preparación académica, creo que es lo más importante junto con la experiencia, independientemente si es joven o viejo. Considero que hemos tenido políticos de sobra poco preparados por culpa del sistema político que premia la lealtad por encima del conocimiento, y creo que lo que nos diferencia a nosotros los jóvenes de esas personas es que estamos conscientes de los problemas de nuestro sistema, de los males que trae el no tener la capacidad para estar ahí, que estamos conscientes de la lucha que estamos emprendiendo para que se nos abran las puertas y la responsabilidad de estar preparados para ello. Si puede haber casos en los que jóvenes sin preparación y con mucha lealtad a quienes les haya puesto el dedo para estar ahí lleguen a los lugares que con mucho esfuerzo logramos abrir, y ahí está nuestro deber en señalar a quienes no dejan las viejas prácticas, ya sean jóvenes o viejos.

Para ir cerrando, la decisión de la Cámara de Diputados es solo el inicio para que se nos abran más posibilidades de estar en la toma de decisiones. Si bien es realmente complicado que alguien de 18 llegue a ser diputado, si podríamos ver a más jóvenes accediendo a serlo, con la responsabilidad que está conlleva. Es tarea de todos nosotros como jóvenes vigilar que esta “escalera” que hemos construido no la retiren otros jóvenes. Todos desde nuestras trincheras podemos hacer que se nos sigan abriendo espacios para trabajar y mejorar a nuestro país, así como vigilar a quienes nos representen cómo jóvenes en dado caso que lleguen a un curul, porque así como les dimos el derecho de estar ahí, es su deber trabajar para representarnos y escucharnos, que no se malogre lo que hoy hemos construido.

Y que soporten los que se ataquen.

Victor Arredondo
Columnista

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