Por Alejandro de la Cruz.
Hay días en los que suelo levantarme con unas ganas de cambiar el mundo, de enseñarle a todos los que pueda aquello que sé, de resolver los grandes problemas mundiales, familiares y de mi comunidad, esos días son tantas las ideas que pasan por mi cabeza que me pierdo en no saber dónde comenzar, ese es mi principal detenimiento, mi privilegio y al mismo tiempo mi enemigo, y el principal enemigo de las personas a las que los proyectos en mi mente podrían beneficiar si se echaran a andar, cambiar su realidad.
Mi energía se ve deteriorada por las redes sociales, una acción contra la que he luchado, pero no he podido vencer del todo. Considero que los psicólogos y psiquiatras que contratan las grandes empresas de redes sociales y medios de comunicación hacen un buen trabajo porque crean una adicción tan fuerte que es difícil salir de esos patrones de conducta en los que nos metemos, ejemplo común; un rato de ocio y automáticamente entrar a redes sociales.
Cuando me siento agobiado superado o agotado y estoy al límite, recuerdo una práctica que llevo un año intentando, pero que he escuchado de ella desde que tenia 7 años, la meditación y el camino del budismo, así que solamente respiro, me calmo y logro entrar en paz, con esa victoria ganada mi inconsciente no duda en tomar un libro y acabarlo en cuestión de 2 horas. Aprovecho la determinación y tomo la computadora, logrando hacer 4 cosas o 5, presento un informe, hago publicidad para los proyectos que traigo en marcha, le contesto a un amigo que lleva 3 meses esperando respuesta en una pregunta que me realizo.

Me siento enérgico y capaz de todo, de avanzar. Recuerdo esas ideas que tuve sobre cambiar el mundo, revolucionarlo, ayudar en la vida de las personas, tengo todo en mi mente; pero me detengo. Me detengo y recuerdo la misma frase con la que empezó todo, con la que empecé a trabajar: calma. La frase me lleva a pensar en una cosa a la vez, un proyecto a la vez, un paso a la vez, un día a la vez y aquí estoy, realizando un escrito que tenia ya bastantes semanas con la intención de realizar. Lo más fuerte que puedo decir para personas ansiosas como yo, así como la generación de jóvenes actual es: ya no pienses en un día a la vez, ve una hora a la vez y si eres más ansioso que yo, entonces que sea un minuto a la vez.
Me siento con la voluntad, energía y calma para mejorar el mundo.

