Por Alberto Tinajero.
La caballada de la alianza está tan flaca, que ahora algunos postulantes utilizan sus raíces provenientes de pueblos originarios, con la intención de empatizar o conectar con un sector que tradicionalmente había sido olvidado justamente por sus partidos PAN y PRI.
Lo anterior podría considerarse una maniobra vil, pero en México la oposición plantea recurrir a lo que sea, simplemente para hacerse notar y no desaparecer; como ya ocurre con el PRI, que ha sido devorado por el supremo poder conservador y ahora se derrumba.
Lo que considero más lamentable, es que nuevamente sale a relucir su impronta partidista al supuestamente impulsar un perfil que sin olvidar que proviene de una comunidad marginada, solamente es utilizada para proteger el desgaste político de otro perfil privilegiado, que aunque “llore” hipócritamente en su registro, en toda su trayectoria política siempre ha sido plurinominal y es resultado del famoso dedazo de las cúpulas del PAN.
La simulación del frente amplio consiste en poner a una mujer con raíces indígenas que por cierto también tiene algo de incoherente, puesto que, siendo senadora de la República por representación plurinominal, no ha representar dignamente a los pueblos originarios olvidando sus orígenes, luchas, necesidades y causas. Del mismo modo, tampoco ha sabido representa al pueblo de México, bastan como ejemplo los adultos mayores, a los que pretende dejar sin apoyos. Es verdaderamente de risa Que con todo lo anterior, todavía salga a decir que nadie le ha regalado nada y que vela por los intereses del pueblo.

A la desdichada oposición ya no le queda nada, solamente su discurso que aún hoy algunos creen, la realidad es que la supuesta alianza no tiene forma de competir por la Presidencia de la República y en su lugar dedican sus esfuerzos a descalificar el proceso interno de selección de morena. Por éste motivo, la oposición que ya se encuentra al borde de la desaparición, simula que tiene forma de competir en el 2024 pero solamente busca existir quizás mantener lo poco que les queda.
Hay una lección para la juventud política en todo esto y es: que las causas del pueblo se representan con la fuerza de nuestras convicciones, no con las palabras simples de quienes dicen pertenecer a sectores que sufren, pero que no conocen o se olvidan de pertenecer. Que nadie se apropie de nuestra etnia, ideología o nuestra voz, únicamente para alcanzar sus vulgares avaricias; mucho menos para influir en nuestras decisiones, porque es nuestro derecho elegir en libertad a quienes consideramos que pueden representar dignamente nuestras raíces, historia y a nuestro México.
Que les quede claro, la voluntad de las mayorías jamás volverá a estar sometida bajo el yugo de minorías rapaces, ya sea que se pongan el rostro que quieran o adopten el discurso que les convenga. Hoy y siempre será primero el pueblo.

