Por Victor Manuel Arredondo Vizcarra
En estas semanas seguramente habrán escuchado de las protestas violentas que se desencadenaron en Francia tras el asesinato de un joven de 19 años de origen norteafricano a manos de la policía, y si no se los explico brevemente: la mañana del pasado 29 de junio en un suburbio de la periferia de París, un joven intentó ser detenido por la policía por pasarse una orden de alto en su vehículo, terminando en que uno de los oficiales encañonara al joven y le disparara a quemarropa, provocando su muerte a las pocas horas. La policía dijo que no era la primera vez que el joven se resistía a ser inspeccionado, y que de hecho la inteligencia policial lo tenía en la mira por lo mismo, cuando en realidad no se le pudo comprobar ningún antecedente penal o policial.

La muerte de Nahel, quien era un joven muy querido en el barrio de Nanterre, volvió a sacar el tema del racismo sistemático en la policía y en la sociedad francesa, trayendo consigo una ola de manifestaciones, alimentadas por el hartazgo a la situación de racismo, marginación y desigualdad social de las personas de origen árabe y africano, no solo en parís, sino en diversas ciudades de Francia. Desde México no vemos esto como algo nuevo, pues estamos acostumbrados a las manifestaciones alimentadas por la desigualdad social o la injusticia, pero considero que de esta situación podemos sacar algunos apuntes que pueden ser de utilidad en América Latina:
- La represión policial existe y acá están los resultados. Si bien acá en Latinoamérica la represión es llevada a cabo con tintes más clasistas, el fenómeno se replica: la policía suele ejercer fuerza con más dureza hacia sectores marginados de la población. La represión sistemática produjo un punto de quiebre en el que este sector ya no confía en la policía y siente que el gobierno lo ha abandonado. Cosechas lo que siembras.
- La marginación de cierto sector no solamente es por medio de la policía. El gobierno francés no ha hecho lo suficiente por incluir a este sector de la población en la sociedad francesa: viven en los suburbios de la periferia, no tienen un acceso sencillo a la educación o a un trabajo bien remunerado, los hijos de migrantes no pueden ser ciudadanos franceses por ser nacidos de padres no franceses (en Francia la nacionalidad se concede exclusivamente a personas cuyos padres son franceses), por lo que el actuar de la policía es hasta cierto punto, reflejo de la sociedad y las políticas francesas.
- Los gobiernos de centro se quedan en el papel. Emmanuel Macron fue reelecto en una fórmula de centro contra Marine Le Pen, de derecha, prometiendo que iba a lograr (ahora sí) la unidad en Francia, pero en lo que va de su gobierno ha hecho todo lo contrario: ha desencadenado protestas por el alza en la edad de jubilación, argumentando que el sistema de pensiones era insostenible, mientras que al mismo tiempo envía apoyos millonarios al gobierno ucraniano; aboga por la unidad y la inclusión al mismo tiempo que no hace nada por resolver la marginación en los barrios de la periferia; aboga por la libertad y la unidad al mismo tiempo que analiza bloquear algunas características de las redes sociales para mitigar las protestas masivas.
- La violencia genera más violencia. Desde mi perspectiva de habitante de una ciudad que ha pasado por fuertes golpes violentos es hasta lógica esta frase, pero para muchos no es así, mas bien están convencidos de que la represión y las detenciones masivas son suficientes para apagar las protestas contra los “indiferentes y malagradecidos” que osan levantar la voz contra un gobierno que les ha dado todo para salir adelante cuando claramente se protesta por lo contrario. Para salir de la violencia es necesario un dialogo, construir una agenda de acción entre ambas partes para resolver el problema, no solamente acatando lo que el gobierno o las autoridades dispongan.
Habrá que seguir observando con detalle lo que está ocurriendo en Francia, ver si pronto hay una solución o un cambio político de por medio. Lo ideal es que se abogue por una verdadera inclusión de todos en la sociedad y en las políticas gubernamentales, disminuir la represión policial y aumentar los apoyos a los sectores más marginados. Si se quiere terminar con las protestas, debe haber justicia para Nahel.

