Por Victor Manuel Arredondo Vizcarra
A lo largo de estas semanas hemos estado rodeados de muchos conflictos a nivel local, nacional e internacional, que exigen que estemos informados y que tomemos una postura al respecto: el conflicto UAS – gobierno, la discusión del presupuesto de 2024, la reducción de presupuesto al poder judicial, el conflicto de Israel y Hamas, etc. Todos estos conflictos involucran dos bandos y dos posiciones que se contraponen, lo que da lugar a una polarización más fuerte de lo que ya había.
Mientras más análisis y mesas de debate veo, más me percato de lo difícil que es establecer una postura sin ofender a nadie, como si todo fuera blanco o negro cuando no es así; por eso hay una posición realmente incomoda para estas personas que les gusta jugar a ser de un lado u otro: ser analíticos, aceptar un poco de ambos o directamente ser neutrales.

Vamos a poner un supuesto con relación a lo que acabo de decir: Está bien estar en contra de las atrocidades de Hamas, pero también está bien no estar de acuerdo con el genocidio y segregación sistemático de Israel hacia los palestinos. Las personas que están en favor de Israel van a decir que como es posible que cuestiones las acciones de “autodefensa” de ellos, y los pro-palestinos van a decir que como vas a justificar los ataques de Israel contra civiles. Estamos conviviendo en una sociedad cada vez más intolerante al diálogo y al debate, en el que o estás a favor o en contra de ellos, no aceptan un análisis que los favorezca.
Este fenómeno no es nuevo: desde que llegaron personas como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Viktor Orban y Boris Johnson al poder en sus países polarizaron la política en sus países, no aceptando un punto medio. En México vivimos algo parecido con la llegada de López Obrador: o eres fifi o eres aliado de la 4T.
En un momento donde necesitamos una sociedad con profesionales que analicen las situaciones actuales y las personas serían debatir y llegar a una conclusión que tome en cuenta ambas partes, las personas están haciendo lo contrario: se dividen más, se encierran en su posición y no salen de ahí, como si fuera una trinchera de guerra.
¿Que necesitamos ahora? Trabajar para que suceda lo contrario: que las personas estén abiertas al diálogo y la pluralidad, tener una sociedad que sepa debatir y sea pensante y razonable. La polarización genera extremos, y los extremos generan rencillas que hacen imposible una sociedad sea funcional.
Conciliar un futuro que involucre a todos depende de cada uno de nosotros, empezando por aceptar que no todo es blanco o negro: hay una escala de colores y de opiniones, de variantes que son válidas y que merecen ser escuchadas.

