Por Ángel Jiménez.
El pasado 25 de octubre, a las 3:00 horas del centro de México el huracán “Otis” tocó tierra en Acapulco, Guerrero como categoría cinco -la máxima en la escala de Saffir-Simpson- alcanzando vientos máximos sostenidos de 265 Km/h. El huracán está ya clasificado como la peor tormenta que se ha visto en los últimos treinta años en el Pacífico.
Hay imágenes del desastre que causó y todas parecen como si el puerto se viera sumido en zona de guerra. Los daños materiales son incalculables. El 80% de los hoteles afectados, apagones masivos que afectaron a más de medio millón de usuarios, las vías de comunicación terrestre inaccesibles y las telecomunicaciones dañadas en su totalidad. Las vidas que se perdieron, hasta el momento, se habla de 27 y al menos cuatro desaparecidos. Vidas que ni con la mayor inversión se podrán recuperar. Los testimonios de los guerrereses hablan y algunos califican a las autoridades federales como: criminales.
Los Guerrerenses sienten que fueron dejados a su suerte. Y con justa razón: La mañanera que dio Andrés Manuel un día antes del desastre natural, aun y con días de anticipación de que éste estuviera siendo monitoreado -incluso con pronóstico de su trayectoria y precisión de la fuerza que traía- el presidente decidió no tocar, siquiera un solo minuto, el tema para advertir del inminente impacto del fenómeno en tierras mexicanas ni mucho menos en pronunciar si ya se tenía un plan de emergencia para el puerto. Pero el abandono de las autoridades ya se había declarado mucho antes…
En 2021 el mandatario federal decidió desaparecer de un “plumazo” el Fondo de Desastres Naturales (Fonden), bajo la justificación de que era un “barril sin fondo” y con el argumento de un mal manejo del recurso por parte de funcionarios públicos. El fideicomiso fue creado desde 1996 y para el 2011 había alcanzado el equivalente a 800 millones de dólares, cerca de 9 mil 600 millones de pesos anuales, según el precio del dólar en ese año. El recurso se podía disponer de inmediato ante una declaratoria de emergencia por parte de la Secretaría de Gobernación y servía para apoyar de manera eficaz y oportuna para la rehabilitación de infraestructura, salvar vidas, apoyo a los damnificados, entre otros.

Ahora el Fonden está a cargo de la Secretaría de Hacienda como un programa, cambió sus reglas de operación y para el 2021 solo se utilizó cerca de 1600 millones y 30 mil millones de este fondo fue reasignado a proyectos como el Tren Maya. La urgencia de un capricho ante un juguete nuevo pudo más que salvaguardar la vida de miles de personas que hoy están damnificadas y otras tantas enlutadas.
En su visita a la zona de desastre, el actuar del presidente sirvió más para la demagogia, ante lo que pasó… El show debe continuar. Por lo menos así lo indicaron sus acciones que se inclinaron más para la burla que para las de un comandante en jefe. Al día siguiente del impacto de Otis, las carreteras hacia Acapulco estaban cerradas por el daño causado -el mismo Google Maps lo indica- pero el presidente decidió irse en carro, con 379 kilómetros de distancia -desde su palacio- que representan más de cinco horas de camino, sin contar el retraso que podrían verse por los daños a la infraestructura y que por obviedad ocurrieron. Obviedad que el presidente no pudo obviar al quedarse atascado y quitarles a los damnificados la atención y ayuda que se necesitaron para poder socorrerlo en su camino. Llegó en traje azul marino como si fuera a una gala y su calzado no resistió los caminos de lodo que tuvo que recorrer para enfocar los reflectores en ellos y que los aplausos para el héroe no se hicieran esperar. Sesenta minutos de vuelo le bastaban al presidente de la Ciudad de México a Acapulco, pero decidió recorrer cinco horas; la mitad que le tomaron a Otis convertirse en categoría cinco.
En la mañanera del día siguiente, después de su visita, no hubo un informe preliminar del gran total de los daños causados, el tema se siguió minimizando. Por lo tanto, en honor a eso, el siguiente desastre natural, con esa magnitud, deberíamos considerar que se llame como ya saben quién: “Andrés Manuel”.
PD. Es mucho México para alguien con limitadas miras. Pero estoy seguro que los mexicanos sabremos reaccionar ante esto, como siempre ha sido. Es tiempo de ayudar a nuestros hermanos guerreros Guerrerenses, que estoy seguro que con o sin presidente, sabrán ponerse de píe.

