El odio persiste.

Por Miroslava Escobedo.

Este lunes amanecemos con una noticia que invariablemente cimbra al Estado Mexicano, una persona defensora y activista de la comunidad LGBTIQ+ quien además es la primera persona en formar parte de un órgano electoral reconociéndose como parte de esta comunidad y que decidió mostrarse y ser libre, quien fue víctima de violencia, rechazo y discriminación por varios años sólo por ser, hoy forma parte de las vidas que el odio ha tomado, y ha hecho evidente el rechazo y persistencia por discriminar, criticar e insultar a quienes son diferentes a quienes construyeron el sistema.

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Los crímenes de odio son aquellos delitos motivados por un prejuicio o sesgo respecto a características de la víctima como su pertenencia a un grupo especifico, raza, nacionalidad, orientación sexual, identidad de género o creencia religiosa. En este tipo de crímenes su objetivo primordial es generar miedo, e induciendo discursos de odio.

Lo anterior confirmando la peligrosa situación que persiste y viven las personas en nuestro país, especialmente quienes son parte de la comunidad LGBTIQ+ lo cual ha desencadenado una serie de violaciones a derechos humanos con desenlaces cada vez más trágicos.

En México tan sólo 12 entidades federativas tienen tipificados los homicidios y agresiones en contra de la comunidad LGBTIQ+ , ¿qué mas tiene que pasar? ¿cuántos más tienen que morir para que sea suficiente?, desde la exclusión de la vida familiar, laboral y pública, los prejuicios y señalamientos a las diferencias, hasta el dolor de no mostrarse ni ser.

En este sentido vemos como la violencia y el odio han impregnado cada lugar de México, la apatía y la división se han vuelto cotidianos, la indolencia, omisión y negligencia de las autoridades dando pie a la impunidad que perdura en una sociedad inconsciente de que la libertad y seguridad de todos peligra.

Aunque parecieran infértiles los esfuerzos por aceptar las diferencias, tolerar la diversidad y mostrar nuestros verdaderos colores en un mundo dividido e indolente, también se debe destacar a quien van abriendo camino para quienes vienen detrás dejando un sitio mejor. Qué la muerte, pero, sobre todo, qué la vida de las personas víctimas de crímenes de odio nos impulse e inspire a continuar reconociendo, defendiendo y garantizando TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS.

Lo que no se nombra no existe, nombramos a todes y nombramos su lucha, incansable, valiente, legítima y permanente. HASTA QUE LA DIGNIDAD SE HAGA COSTUMBRE, QUE LA JUSTICIA INVADA EL ESTADO Y LAS PERSONAS SE VUELVAN PRIORIDAD.

Miroslava Escobedo
Columnista
Abogada y maestra en Derecho Constitucional. Cuenta con experiencia en el sector público y privado, así como en la docencia. Analiza la relación entre derecho y política. Comprometida con el Estado de Derecho y el fortalecimiento institucional. Escribe con una mirada técnica, crítica y responsable al debate público.

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