Presidencialismo: El caudillo de México.

Por Miroslava Escobedo.

El Presidencialismo en México es el sistema de gobierno que ha persistido por décadas; sexenios van y vienen, sin embargo, la trascendencia de la figura presidencial sigue teniendo supremacía respecto de los otros personajes en la escena política y constitucional. 

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La utilidad de la historia consiste no precisamente en el conocimiento de los hechos, sino en penetrar en el influjo que estos han tenido los unos sobre los otros, en ligarlos entre sí de manera que en los primeros se eche de ver la causa productora de los últimos y en estos la consecuencia de aquellos, con el fin de guiarse en lo sucesivo por la experiencia de lo pasado.

Justamente, ha sido la historia quien a través del impacto de los sucesos nos ha hecho preguntarnos si el presidencialismo constituye un sistema de gobierno adecuado para un país con un contexto complicado con características sui generis que han puesto en jaque la figura del presidencialismo.

En los sistemas presidenciales la separación de los poderes públicos se encuentra más marcada, en donde uno del otro se encuentra claramente deslindado del otro este sistema conjuga en la figura del presidente las funciones de Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, y en el caso de México Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. 

El problema principal del presidencialismo implica el problema de todo su sistema político, y en el fondo se encuentra la preocupación de cómo armonizar la libertad y el orden, la libertad y la autoridad; es decir cómo podemos limitar un poder que es tal su tamaño que determina el destino de un país y que incluso sus defectos como presidente llegan a impactar en el sistema político convirtiéndolo en una extensión de su persona.  

En el mismo sentido un ejecutivo necesita unidad y permanencia, que la estabilidad de este poder permee en la sociedad, pues al disipar el poder del Ejecutivo esto generaría una división de opiniones en la toma de decisiones, y en el caso de México las facciones crean peligro al diluir el poder constitucional. 

Sin embargo, lo anterior por ningún motivo manifiesta poderes o facultades ilimitadas para el titular del Ejecutivo, esto nos orienta a las facultades metaconstitucionales del presidente, que no son otra cosa que aquellas prerrogativas políticas que no le son atribuidas por la constitución pero que a pesar de ello le otorga ventaja y superioridad respecto de los otros poderes. Justo por ello la existencia del presidencialismo, debe ir de la mano de un marco constitucional que limite su actuación, pues en este caso los límites es lo que permitirá el alcance los objetivos de gobierno. 

En México siempre estamos a la espera de que alguien llegue a rescatarnos de nuestra inestable realidad, esperamos un caudillo salvador, con una solución a todos los problemas, pero justo esperamos a uno solo, porque cuando algo salga mal necesitamos a quien culpar. 

Desde sus inicios la Nación Mexicana ha demostrado una tendencia a los gobiernos más que rectores, imperiosos, por ahora el presidencialismo es lo más funcional para México, ya está suficientemente dividida la sociedad como para también dividir el poder, y poner en riesgo la vulnerable estabilidad política del país, pero ha de reconocerse que las bases democráticas existen, sin embargo, esta es una tarea inconclusa.

México ha crecido lenta, y  dolorosamente creando un sistema político adecuado para sus necesidades políticas, el hecho de que este no se parezca a ninguno no es casualidad fue maquinado durante mucho tiempo, creando una figura impenetrable, porque si bien el Jefe del Ejecutivo jura cumplir y hacer cumplir la Constitución, esto no le impide modificarla a conveniencia, no podemos permitirnos repetir experiencias pasadas que llevaron a cuestionar la democracia en México, y poniendo en riesgo el Estado Constitucional. 

Miroslava Escobedo
Columnista
Abogada y maestra en Derecho Constitucional. Cuenta con experiencia en el sector público y privado, así como en la docencia. Analiza la relación entre derecho y política. Comprometida con el Estado de Derecho y el fortalecimiento institucional. Escribe con una mirada técnica, crítica y responsable al debate público.

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