Por Jafet R. Cortés
“Échale ganas”, qué fácil decirlo mientras a la otra persona se le desmorona el mundo. Mientras alguna herida de guerra se abre de golpe y despierta las ganas de salir corriendo, dejándolo todo, iniciando de cero en otro lado.
Esa frase es la cara de un trasfondo más complicado, que se forma desde la profundidad del individualismo, la falta de sensibilidad para entender el dolor ajeno y responder afectivamente. Encarna el estigma social respecto a la salud mental y los múltiples problemas que le acompañan.
No todo se arregla con “echarle ganas”, hay situaciones más complicadas que requieren mucho más que eso.
De nada sirve negar lo que sentimos, buscar a toda costa pensar positivo, cuando en verdad la vida se nos está yendo de las manos. No sirve el autoengaño que nos grita que todo estará bien, si cuando nos acostamos en la habitación, nos sentimos más solos que nunca; y las paredes se hacen cada vez más pequeñas ante nuestra impotencia momentánea de no poder cambiar de rumbo; ante el agobio que nos deja sin aire, aire que nos hace falta para dar el siguiente paso.
Las enfermedades mentales, aunque en menor medida, siguen sin ser tomadas en serio por la gente, siguen teniendo miedo de hablar acerca del tema, de buscar ayuda sin que esto signifique ser tachados como locos. Lo realmente loco, sería negarnos a la realidad.
A las enfermedades mentales no les importa que crean o no en ellas, existen y su misma existencia les hace tener el filo suficiente como para hacernos daño, si se lo permitimos. Negarles lo único que les da es fuerza, la que necesitan para hundirnos cada vez más en aquel mundo abisal, que nos presiona desde distintos ángulos mientras descendemos a diferentes velocidades, hasta que en ocasiones estamos demasiado lejos para regresar a la superficie y tomar aire.
La ansiedad y la depresión son implacables, las personas que las padecen siempre arrojan señales, luces de bengala que tiran al aire esperando, emotivo o no, un rescate.
PENSAR POSITIVO
En la posmodernidad, la relatividad se ha convertido en un arma de dos filos. Diversas voces hoy en día predican una corriente del pensamiento, por así decirlo, que se empecina en que la clave para solucionar todos los problemas está únicamente en pensar positivo.
Así, con lo anterior, muchos de los llamados gurús o influencers, se aprovechan de la vulnerabilidad de la gente y su necesidad de aferrarse a algo, para ganar dinero, obtener fama, aunque esto le cueste a las personas su salud, finanzas y en ocasiones su vida.
Aquellas personas que se les da el poder para aconsejar a la ligera, son el veneno que a cuentagotas va vertiendo ideas sin sustento, pidiéndole a la gente que sonría, cuando por dentro, su voz interna busca llorar con fuerza.
CARGAS DE INFANCIA
Desde niños nos enseñan a reprimir emociones y esconder sentimientos, que se vuelven poco a poco en pesadas cargas. Así llegamos a la vida adulta sin saber cuán importante es contar con las herramientas necesarias para lidiar con los monstruos que habitan dentro de nosotros, y reconocer los momentos en los que no podemos solos.
La estigmatización de los padecimientos psicológicos, y la falta de políticas públicas sobre la salud mental, han dejado un hueco enorme en la sociedad. Un paradigma difícil de romper.
El balde de sentimientos reprimidos y emociones, paulatinamente, se va llenando, hasta que nos desbordamos. Así ocurre con padecimientos psicológicos como la ansiedad y la depresión, que requieren con urgencia una atención profesional.
No es un juego la salud mental, y en muchas ocasiones, tratar de sobrellevar lo que sentimos, como si no pasara nada, solo lo empeora todo; y aislarnos del mundo, alejándonos de las personas que en verdad buscan apoyarnos, puede resultar más peligroso de lo que en algún momento pensamos.
Esto más que una columna de opinión, espero que sirva como una carta para todos aquellos que gritan en silencio los problemas que no le cuentan a nadie; una carta para el mundo, explicando de alguna forma, cómo puede sentirse una persona que se le está cayendo el mundo encima; una persona que no sabe por dónde empezar a pegar los pedazos que perdió en algún momento.
Este texto tiene la esperanza de convertirse en una invitación a reflexionar sobre nosotros mismos, ser conscientes de la importancia que tiene la salud mental; una invitación a comprender qué pasa en aquellos mundos, que no habitamos, pero que podemos sentir y apoyar para que sanen al ritmo que tengan que sanar.

