Por Ericka Cerdas.
Después de las elecciones, se ha abierto el debate sobre si México necesita más o menos partidos políticos, y si los existentes son suficientes o se requieren más vías de representación. Este debate es crucial y debe trascender del ámbito académico, ya que los partidos políticos, nos gusten o no, son parte integral de nuestra democracia.
Partidos políticos
Según el PNUD, los partidos políticos son clave en la democracia, ya que estos pueden articular intereses colectivos, agregar preferencias y canalizar demandas en el proceso de formulación de políticas. Entonces, durante los procesos electorales son los portavoces de las necesidades y la voluntad popular, promoviendo sistemas multipartidarios y apoyando el desarrollo de instituciones y políticas sostenibles.
Por otro lado, en periodos no electorales, favorecen los vínculos entre ciudadanía y representantes, y promueven nuevos liderazgos políticos, contribuyendo al desarrollo de democracias robustas. Sin embargo, su mera existencia no garantiza el fortalecimiento democrático. Según el Instituto Nacional Demócrata, para que realmente lo hagan, deben respetar los derechos humanos, aceptar la legitimidad de las elecciones y cumplir con los procedimientos electorales, fortaleciendo la estabilidad y equidad del sistema electoral y colaborando en la mejora de las reglas, entre otros.
La proliferación de los partidos políticos
El desencanto de la ciudadanía con la política ha generado la creación de más partidos políticos, buscando tener voz en temas específicos. Aunque algunos consideran que la proliferación de partidos puede robustecer la democracia, también presenta desafíos. La proliferación de partidos obedece al debilitamiento de los partidos tradicionales como el PRI y el PAN. El PRI nació en respuesta a la inestabilidad post-revolución mexicana, mientras que el PAN, en el año 2000, logró la transición democrática después de 70 años de gobiernos priistas. A pesar de sus logros, muchos les achacan ser parte de los problemas de México.

Queda claro que este bipartidismo que vivió México por un tiempo, dejo de representar a los mexicanos de alguna manera. Por eso, en la década de los 90 empiezan a nacer otras fuerzas políticas como el PRD (q.d.D.g), con figuras como Andrés Manuel López Obrador, ¿les suena conocido?, el Partido Verde, Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano y Morena que es el más chiquito de todos, pero que devolvió a México a una mayoría en la Cámara de Diputados que no se veía desde Miguel de la Madrid.
Andrés Mejía en el libro “Partidos Políticos: el eslabón perdido de la representación”, establece que “cada vez que se funda un nuevo partido político, sus dirigentes saben que siempre habrá una porción del electorado dispuesta a votar por ellos, aunque su propuesta política no tenga otro antecedente más que el partido del que se escindió o el personaje que lo lidera”
Tomando en cuenta lo anterior, más partidos políticos no significa un fortalecimiento de la democracia. Esta no debe de ser medida por cantidad de agrupaciones, sino por la manera en que potencian la institucionalidad de las colectividades y también por el nivel de representación de estos en la ciudadanía.
Radiografía política
En una encuesta del Financiero en el 2022, la alianza Va por México (PRI-PAN-PRD), tenían una mayoría de opiniones negativas entre el electorado. El PAN tiene un 25% de opinión favorable y un 55% desfavorable; el PRI cuenta con un 20% de opiniones positivas y un 68% negativas, y el PRD registra un 18% de positivos y un 59% de negativos. El PT, el Partido Verde y Movimiento Ciudadano también tienen más opiniones negativas que positivas, pero ninguna de estas es mayoritaria. Morena es el único partido con más opiniones positivas (48%) que negativas (32%).
La oferta partidaria en México actualmente no encanta a la población. La proliferación de partidos no generará necesariamente mayor satisfacción; más bien, fragmentará a la población, impidiendo la formación de mayorías. La mala percepción de los partidos se debe, en parte, a su falta de causas claras y a alinearse solo para ganar, como el Partido Verde, que se alinea con el ganador de turno.
El debate sobre los partidos políticos debe enfocarse no solo en su cantidad sino en su calidad, con el fin de fortalecer la democracia. La proliferación de partidos puede parecer una solución al desencanto ciudadano, pero no garantiza mejor representación ni estabilidad democrática. Los partidos deben mejorar sus propuestas para crear una conexión con el electorado. La clave no reside en la cantidad de partidos en una boleta electoral, sino en su compromiso con la democracia y su capacidad de responder efectivamente a las demandas de la ciudadanía.


