Maquiavelo sigue vivo.

Por Ericka Cerdas.

Las pasadas elecciones en Venezuela me hicieron reflexionar sobre cómo los seres humanos podemos unirnos por causas que nos parecen justas, como, por ejemplo, la caída de Nicolás Maduro. No obstante, quienes nos dedicamos a los análisis políticos no podemos dejarnos llevar por los sentimentalismos y las emociones. Por eso, es importante recordar algunos conceptos clave, como la “Realpolitik” o, en su defecto, el realismo político.

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Maquiavelo

¿Sabían que Nicolás Maquiavelo escribió más de 20 obras a lo largo de su vida? La única que persiste en la memoria colectiva es El Príncipe, escrita en 1513. Gracias a este escrito, ha pasado a la historia como un representante del cinismo y se le considera opuesto al pensamiento de Montesquieu.

En el siglo XVI, comenzó a imponerse la visión de Maquiavelo, según la cual la política debía entenderse principalmente como una lucha descarnada por el poder, en la que se pueden utilizar todos los medios para conquistarlo o conservarlo. Aunque la “Realpolitik” puede tener sus orígenes en Italia, el término fue acuñado por primera vez por Ludwig von Rochau, un historiador y periodista alemán.

Por lo tanto, para entender lo que sucedió en Venezuela el domingo anterior, hay que volver a repasar las líneas de Maquiavelo y comenzar de nuevo el análisis.

Un cambio en Venezuela

Este pasado domingo, todos esperábamos un cambio en el régimen venezolano. Además, anhelábamos que el CNE diera la victoria a Edmundo González y ver ese cambio que el país ha anhelado durante más de tres décadas.

¿Entonces, estábamos siendo objetivos con lo que estaba pasando? El régimen de Maduro ya nos había dado señales desde años atrás de que un cambio no iba a ocurrir. Primero, la inhabilitación de María Corina Machado para participar en el proceso electoral, la negativa a permitir la entrada de observadores internacionales de países de la región, entre ellos Miguel Ángel Rodríguez, expresidente de Costa Rica, y Vicente Fox, y las amenazas de baños de sangre si no ganaba. Además, se cerraron las fronteras terrestres con Colombia para impedir el paso de venezolanos residentes en ese país, junto con la cantidad absurda de irregularidades en las mesas electorales que se denunciaban. Y si todo lo demás fuera poco, después de la elección no querían entregar las actas a los testigos electorales.

Tomando todo eso en cuenta, ¿realmente era posible que la oposición ganara en un sistema que está completamente controlado por el chavismo (o madurismo)? Todas las instituciones en Venezuela están bajo el dominio del régimen, y cualquiera que hable en contra será encarcelado o exiliado. Así le ocurrió a Luisa Ortega Díaz, fiscal general entre 2007 y 2017, quien denunció “la ruptura del orden constitucional” y hoy está exiliada, solo por dar un ejemplo.

El objetivo de Nicolás Maduro en las elecciones anteriores era muy claro: mantener el poder a toda costa. No dejarse vencer, especialmente sabiendo que tiene a las fuerzas armadas de su lado.

En un entorno donde el régimen controla las instituciones y utiliza el poder militar para intimidar y silenciar a la oposición, esperar un cambio significativo a través de las elecciones se vuelve extremadamente difícil. Esto resalta la complejidad de luchar contra un sistema autoritario que no solo tiene un control férreo sobre los mecanismos de poder, sino que también está dispuesto a utilizar cualquier medio necesario para perpetuarse en el mismo.

¿Y la comunidad internacional? Pues, como siempre, goza de muy buena salud. La OEA ya emitió un pronunciamiento en el que afirma que los resultados electorales anunciados por el CNE no pueden ser reconocidos debido a la falta de transparencia y evidencia. ¿Qué más puede hacer la comunidad internacional? ¿Sanciones económicas? Les recuerdo que Venezuela está hasta los dientes de sanciones económicas impuestas por Estados Unidos. Lo que cambia aquí es que el país sudamericano forma parte del selecto grupo de países con sanciones económicas, y entre ellos se cuidan, como son Rusia y China.

Ante este panorama tan oscuro, ¿qué queda? Solo el gobierno de Maduro conoce la dimensión de su propia derrota. El gobierno deberá apoyarse en las Fuerzas Armadas y las agencias de seguridad para legitimar su poder, ya que no cuenta con el apoyo popular. Además, tendrá que ceder parte de su poder a otros pesos pesados para que lo respalden de alguna manera.

El futuro, aunque se vea muy negro, también tiene un destello de luz al final del camino. La caída del chavismo comenzó desde que Maduro asumió el poder. Además, un pajarito me dijo que “la libertad de Venezuela se ve cada vez más cerca”.

Ericka Cerdas
Columnista
Ericka Cerdas es Internacionalista con especialidad en Sinología por Nankai University China y Maestra en Gestión Pública Aplicada por el Tecnológico de Monterrey. Analiza tendencias globales y su impacto en América Latina. Sus columnas exploran políticas públicas, modelos de gobernanza y la agenda global desde una perspectiva crítica y estratégica.

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