Por Alberto Tinajero.
Si usted se encuentra leyendo estas líneas, quiero decirle que la complejidad de la política subyace en la concepción equivocada de que su finalidad principal es la lucha por el poder para obtener el poder. Bajo este criterio, la composición de fuerzas, ideologías, causas y luchas convergen en los distintos partidos políticos como los instrumentos legítimamente conformados para que usted, en plena facultad y derecho, decida sobre las opciones que mejor convengan a sus intereses. Sin embargo, en el contexto actual, el movimiento transformador político que lidera las mayorías en ambas cámaras, gubernaturas y presidencia de nuestra república ha convocado a replantearnos que la política es la lucha del pueblo para mejorar su realidad.

Es decir, el sistema político mexicano del siglo XX ha concluido; estamos en un momento de transición ideológica al que muchos aún no terminan de entender, y que los ha llevado a cosechar adversidades en los comicios. Lo anterior representa una oportunidad para las juventudes; siempre se ha dicho que la entereza de su voz es necesaria para cambiar la realidad de nuestro país. Contradictoriamente, son las voces que no habían sido escuchadas antes y que representan 25 millones del padrón total de nuestro país.
Primeramente, el cambio de fondo en el hacer político de nuestro país requiere que usted entienda las problemáticas de la sociedad, no de manera superficial sino observando su origen; acercarse a la ciudadanía con un mensaje de fraternidad, sin condicionamientos ideológicos y sin promesas vacías. Otro dicho tradicional dicta que prometer no empobrece; nada más alejado de la verdad, puesto que quien promete y no cumple es pobre en convicción, principios y espíritu. Así mismo, la construcción de un verdadero liderazgo es una responsabilidad que se adopta no solo con la pulcritud de nuestras acciones sino con la adopción de los principios anteriores a cabalidad.
La transformación de la vida política de nuestro país requiere desterrar de fondo los tabúes que hicieron ver a los representantes más rapaces como virtuosos políticos, cuando solamente hacen politiquería. Por otro lado, un político profesional requiere agudeza mental, convicción, integridad y principios. Ese es el enfoque en el que muchos buscamos transitar, abriendo un panorama infinito de posibilidades al adoptar una nueva idea consciente de que la política es luchar con convicción para servir al prójimo.
Sea cual fuere su concepción de lo anterior, podemos coincidir que estamos viviendo un nuevo momento mexicano donde no es necesario que todos pensemos igual, sino entender que la diversidad de puntos de vista es lo que constituye democráticamente a nuestro país, y que hoy más que nunca, la voz de millones está representada en las decisiones que se toman en las urnas. Vamos juntos y adelante hasta la victoria siempre.

