Por Miguel Vicente.
Muchas personas creen que tienen poder, pero el poder no es un activo, una cosa que puedes guardar o detener, muchos quedarte con él. Desde ahí comienza el problema el querer tener algo que no es tuyo, que no es de nadie de manera permanente.
El poder no es una propiedad, el poder es una acción, no se comparte, sino que se ejerce, pero se ejerce de una manera mesurada, sobre todo en la política, años y años de historia y de filosofía política nos han dado lecturas sobre lo que un gobernante debe y no debe de hacer al asumir el poder, poder que viene de la mano de una silla presidencial, un cargo público o una responsabilidad donde el puesto trae consigo atribuciones que una persona común y corriente, sin él, no sería capaz de hacer.
Michael Foucault, se dedicó a estudiar el poder desde la óptica delos “operadores de dominación”; es decir, cómo es que son estas “relaciones de poder” entre los sujetos. Entre un espectáculo de palabras escribía sobre como el no saber utilizar el poder, de manera correcta, podría provocar una autodestrucción o una inminente guerra con los otros.
Y aunque la política se supone, es la herramienta del poder para resolver las conflictos, decía Foucault que es también la política es la continuación de la guerra utilizando otros medios, ahí, cada quién.

Tienen que ser muy sobrios aquellos políticos para entender que el poder transitorio y así como se les entrega -se supone- de manera democrática, se regresa de la misma manera. Y ni siquiera son reglas de la sociedad o reglas jurídicas, son reglas no escritas del poder político que ha sido compartido a través de muchas generaciones a personas de poder, cuando en su momento lo tienen por supuesto, como esta “canción de fuego” que le fue compartida de Rey en Rey en la famosa serie de HBO “La Casa del Dragón”.
Sigamos con los autores para darle fuerza a nuestras ideas, y es el caso de Thomas Hobbes quien, en su famoso libro, el Leviatan afirmaba que la inclinación general de la humanidad entera, está orientada hacia un perpetuo e incesante afán de poder, pero que este afán termina solamente con la muerte. ¿es este monstruo de las aguas profundas un reflejo de lo que es el poder? ¿qué cuando lo posees destruye a tus enemigos pero cuando quieres abusar de él, te destruye a ti mismo? No lo sabemos, pero tiene sentido o por lo menos coinciden en esta analogía Hobbes y Foucault.
Lo importante de esto, es que al estudiar al poder, conocemos al hombre, el poder descubre tal y cual és, desde que asume el poder, hasta que lo deja, o más bien dicho, desde cómo lo toma, hasta como lo entrega.
Aunque por supuesto no podemos generalizar a todos y muchas dirán que es contextual, ya nos explicaba Foucault, que es cada entramado social y molecular del poder se debe considerar cada época cultural, pues posee un código fundamental, un orden o configuraciones que adopta el saber, los alcances tecnológicos, la evolución de la sociedad, loque se dice y se calla en aquella cultura y sobre cuyo fondo se elaboran, piensan einterpretan los objetos y sujetos del poder, la episteme del poder.
Pero para distinguir esto se necesita conocimiento, comprender las relaciones de lucha y de poder particulares, la manera de cómo se odian entre sí los hombres, cómo procuran dominarse unos a otros y sobre todo, en que se convierten cuando les das un poquito de poder.
Nos vemos en la próxima.


