Una opinión de Miguel Vicente
Sinaloa es un territorio atípico, políticamente hablando tiene factores que siempre lo ponen en el ojo del huracán, el semitrópico culichi como diría el Maestro Ronaldo González es bondadoso con quienes se dedican a la comunicación.
Y no solo para los locales, sino para los medios nacionales, la cantidad de contenido que generamos y el tipo de imágenes y videos que salen de nuestra maldita narcocultura, es la taza de café de tuiter.
En ese sentido, controlar la narrativa es una obligación que tienen distintos actores que intervienen en la comunicación local.
Pero el más importante y quién debe tener un control impecable de la comunicación hacia el exterior, a sus gobernados, a los sectores productivos, a la clase política y a todos quienes consumen este espectáculo, es el Señor Gobernador y el Señor Alcalde de la capital.
Lo que nos lleva a la pregunta obligada, ¿cómo está manejando la crisis de comunicación Ruben Rocha Moya y Juan de Dios Gamez Mendivil?.

Es un hecho que ante los sucesos que todos creemos conocer, porque no conocemos, porque no hay una comunicación efectiva; los mensajes que mandan nuestros gobernantes suelen confundir más a la sociedad, sobre todo porque la post verdad, esta verdad que se genera a través de la narrativa de redes sociales y que se fija como una verdad a priori, vence por supuesto al discurso político, más cuando éste, más allá de un mensaje honesto, sincero, que conecte, se convierte en una estructura institucional con palabras cliché que ya no entran en el subconsciente del ciudadano, y con justa razón.
Si bien es cierto, estos gobiernos tienen una fuerte base social que los legitima y que puede caerseles el mundo enfrente de todos y no los va a doblegar, es importante que cuiden los detalles que obviamente no afectan a su partido de manera categórica, pero sí a su persona y con ello sus futuras aspiraciones políticas per se, o de grupo.
Hay un error que yo considero y es que al momento de comunicar, en estos últimos días han combatido la crisis, con confrontación, no con información, el usuario digital, que consume fakes news, hoy necesita información para sacar sus propias conclusiones, no necesita que le digan que hacer, mucho menos que le digas que está equivocado y que su fuente es errónea, aunque sí lo sea.
La postverdad, también se combate con postverdad ergo con información, con datos, con conversación con el oyente, responder interrogantes anticipadamente y comunicar de manera resiliente.
Es importante que los gobernantes luchen contra “el sentimiento del abandono” que causa la ausencia de mensajes y el “sentimiento de verles la cara” que causan mensaje que no coinciden con la realidad porque, a ver, de cierta manera los gobernantes también son víctimas de los problemas que ellos no generan.
De ahí que es todavía más fácil tratar de generar esa conversación y controlar esa crisis, porque los problemas de inseguridad son como los problemas climáticos, como los problemas económicos que si bien es cierto pueden prevenirse, también se pueden resolver viendo al político arremangarse la camisa y tender la mano al ciudadano en símbolo de solidaridad.
No todo se deja a la comunicación social, ellos tiene una función específica con los medios tradicionales, pero, el terreno digital, de la inteligencia artificial, de la meta data y de las redes sociales que ya son generadoras de narrativas se combate con un equipo especializado.
Decía Rousseau que entre el político y el ciudadano había una especie de “contrato social”, cuando se habla de comunicación efectiva debe repensarse que en un mundo donde la información ha tomado un papel relevante, el contrato social se sustituye en ocasiones, como en una crisis, por “contacto social” y ese contacto, entre otras soluciones se puede dar sustituyendo las siguientes premisas:
No se envían comunicados, se establece contacto.
No se sube un diseño institucional, se sube un video personal.
No se da una indicación, se abre un diálogo.
Nos estamos viendo.



