PALESTINA: AL GRITO DE LIBERTAD

Una opinión de Laura Rojo Medrano

La población palestina ha conocido poco de lo que es ser libre.

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Generación tras generación, desde la Franja de Gaza, han sido testigos de la ocupación de las tierras que pertenecieron a sus ancestros por parte de Israel. Este exterminio, que se extiende por décadas, ha traído consigo caos, destrucción y el bombardeo del pueblo palestino. En Cisjordania, se ven sometidos a la militarización israelí, obligados a vivir en ruinas y con el terror e incertidumbre de ser asesinados. La Franja de Gaza, que es lo poco que les queda, está bloqueada por aire, mar y tierra por el Estado sionista.

A causa de los bombardeos, la infraestructura se ha derrumbado, dejando a la población sin acceso a agua potable, atención médica y gestión de residuos, lo que les obliga a convivir entre basura y desechos fecales.

Antes de la Primera Guerra Mundial, el territorio de Palestina y sus alrededores formaban parte del Imperio Turco-Otomano. En ese contexto, los judíos con ideologías sionistas buscaban establecer el Estado de Israel, impulsados por la creciente ola de antisemitismo. Tras la guerra y la desintegración del Imperio Otomano, el Imperio Británico y Francia se repartieron las zonas de Oriente Medio, con los británicos asumiendo la administración de Palestina. Sin embargo, las promesas incumplidas hacia árabes, judíos y franceses generaron mayor desacuerdo entre estos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se creó el Estado de Israel, inicialmente como resultado de la propuesta de partición del territorio realizada por la ONU. Esta partición dejó a Palestina fragmentada en dos zonas distintas: Cisjordania y Gaza, lo cual no fue bien recibido por los estados árabes. Sin la aprobación de los palestinos, Israel comenzó a violar los acuerdos establecidos, expandiendo su territorio de manera agresiva, despojando a la población palestina de sus derechos, encarcelarlos, exiliándolos y matándolos.

Con el paso del tiempo, Estados Unidos se convirtió en el principal aliado de Israel, sustituyendo en gran medida el apoyo británico y estableciendo acuerdos que fortalecieron al Estado israelí.

Los ataques israelíes al pueblo palestino no cesan. Está por cumplirse un año desde que estos ataques se intensificaron tras el atentado de Hamas el 7 de octubre del 2023, e Israel justifica sus actos genocidas como defensa de su estado. La respuesta de las instituciones internacionales para detener a Israel ha sido muy lenta, mientras tanto, cerca de 41 mil palestinos han sido asesinados según las cifras registradas hay más de 94 mil heridos los cuales al no poder ser atendidos por sus escasos recursos médicos, terminando en la muerte la mayoría, además que hay alrededor de 10 mil desaparecidos, que no saben si están bajo los escombros de toda la destrucción a causa de los bombardeos o privados de su libertad a manos del ejército israelí, entre ellos muchas niñas, niños y jóvenes.

Es indignante la indiferencia de los países hacia este pueblo, en un genocidio que ha sido ampliamente documentado, donde solo se espera la muerte de estas personas inocentes, porque tampoco pueden migrar a otro lugar, las fuerzas militares israelís los tienen sometidos bajo a ese bloqueo permanente. A pesar de que el sufrimiento palestino ha llegado a todos los rincones del mundo, las acciones para ayudarlo son insuficientes y retardadas, siendo que debería de ser de máxima prioridad. ¿A qué se debe esto? La intención parece clara: no les interesa salvar al pueblo palestino; al contrario, buscan su desaparición.

Las potencias financian la producción y creación de armas para Israel, y Estados Unidos mantiene un apoyo inquebrantable, brindando miles de millones de dólares a sus fuerzas militares. Esto se justifica bajo la premisa de tener un aliado fuerte en Oriente Medio. Además, se han hecho importantes inversiones en la economía israelí para el desarrollo de empresas y tecnología, impulsadas por el interés en los recursos fósiles de la región, que son explotados para el beneficio imperialista de Estados Unidos.

No sorprende que los países no intervengan ni rompan relaciones con Israel; prefieren ser aliados de un estado genocida por motivos económicos e intereses políticos, sin importar que los palestinos vivan un infierno en la tierra. En 2020, varios países árabes firmaron los Acuerdos de Abraham, liderados por Donald Trump, en un intento de fomentar la paz, pero excluyendo a Palestina de este proceso.

En sus inicios, Israel fue creado en función de los intereses de las potencias europeas y más tarde de Estados Unidos. A pesar de la oposición de los estados árabes, comenzaron a forjar acuerdos para normalizar relaciones (volviéndose un mal necesario para intereses capitales), a expensas de Palestina, despojándose de la oportunidad de ser reconocida como un estado.

La lucha palestina sigue vigente; activistas de diversas partes del mundo exigen a sus gobiernos romper relaciones con Israel como forma de presión para detener el genocidio, además otra estrategia, conocida como boicot, consiste en negarse a comprar, vender o negociar con empresas sionistas que financian la masacre.

Palestina no cuenta con fuerzas armadas ni con el apoyo de países potencias, no tienen forma de cómo defenderse ni protegerse ante estos ataques.

Es importante no dejar de lado esta situación, ya que la lentitud de las autoridades internacionales se traduce en la destrucción de lo poco que queda de este pueblo ya son casi 80 años de este genocido. Palestina merece ser libre, desde el río hasta el mar.

“Ninguna causa merece más alta prioridad que la lucha por la dignidad y la libertad de nuestro pueblo, la lucha por Palestina” – Nelson Mandela

Vox Populi
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