Una opinión de Miroslava Escobedo Leyva
Pasarían más de 210 años para que la primera mujer llegara a la Presidencia de México, siglos transcurridos, y por fin este 1 de octubre, una mujer será quien lidere el Ejecutivo Federal, las expectativas están con ella, y sí una deuda histórica tendrá que ser saldada.
Con una alta aprobación aterriza Claudia Sheinbaum en la Silla del Águila bajo un intenso clima nacional donde aún persisten ciertos males mexicanos que a pesar del esfuerzo siguen afectando este país que para algunos ya es casi el paraíso.
Por años, la tradición mantuvo a las mujeres en el ámbito privado dejando el espacio público a los hombres, la política era cosa de hombres, sin embargo, poco a poco se ha logrado a través de la lucha y exigencia de los derechos que más mujeres ocupen un cargo público y de representación.

Es de resaltar que la transformación no viene de la mano del sólo hecho de ser mujer, un ejemplo, desde el 2018 tenemos un Congreso paritario y a pesar de ello persiste la violencia política en contra de las mujeres e incluso la legislación permanece limitada en el reconocimiento de ciertos derechos para las mujeres.
La Presidenta debe crear una agenda feminista que garantice un progreso, que erradique los factores de desigualdad, rompa con los techos de cristal, disminuya la violencia, garantice los derechos y arranque los estereotipos, prejuicios y brechas.
Se debe redefinir el poder, con una visión integradora, sin primacía de los intereses privados, con un perfil mucho más cercano al diálogo y a la cooperación, que mejore la situación no únicamente de las mujeres sino de todos y cada una de las y los mexicanos. Su llegada es un hecho histórico, ahora el deseo es que su mandato también lo sea de manera positiva por el bien de todos y todas.



