Una opinión de Ericka Cerdas
La reciente decisión del Gobierno de los Estados Unidos de imponer aranceles a sus socios comerciales, Canadá y México, me recuerda a mis clases de Relaciones Económicas Internacionales. Recuerdo con claridad aquellas tardes en las que mi profesor, Alfonso Rojas, nos explicaba sobre los tratados internacionales, el funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio, la cláusula de la Nación Más Favorecida y otros conceptos que, en su momento, parecían meramente teóricos. Sin embargo, un día más, la historia nos demuestra que el comercio internacional; es un escenario donde las decisiones políticas pueden transformar drásticamente el panorama económico.
¿Por qué se dan las guerras arancelarias?
Las guerras arancelarias no son un fenómeno nuevo. Los aranceles, impuestos que se aplican a las importaciones, son una herramienta que los gobiernos utilizan para proteger sectores industriales clave, salvaguardar empleos y, en algunos casos, presionar a otros países para renegociar acuerdos comerciales. En teoría, estas medidas buscan fortalecer la economía local, pero en la práctica suelen desencadenar represalias y tensiones que pueden perjudicar a todas las partes involucradas.
En el caso de Estados Unidos, la decisión de Donald Trump de imponer aranceles a Canadá y México fue una estrategia clara de presión, con la intención de forzar concesiones y torcer el brazo de sus socios comerciales. Sin embargo, esta medida ignora un principio fundamental de la economía global: la interdependencia. En un mundo donde las cadenas de suministro están profundamente conectadas, el proteccionismo rara vez favorece a una sola parte y, en muchos casos, termina generando consecuencias negativas para todas las economías involucradas.

El impacto en Canadá y México
Para Canadá y México, los aranceles impuestos por Estados Unidos representan un golpe directo a sus economías. Ambos países son socios comerciales clave de Estados Unidos, y sus exportaciones de productos como el acero, el aluminio y los automóviles se verán afectadas por estas medidas. Como era de esperar, la respuesta no se ha hecho esperar: tanto Canadá como México han anunciado aranceles recíprocos sobre productos estadounidenses, desde productos agrícolas hasta bienes manufacturados.
Esta escalada de medidas y contramedidas ha generado un clima de tensión comercial que podría tener repercusiones más allá de los sectores directamente afectados. Para las empresas en Canadá y México, el incremento en los costos de exportación puede traducirse en menores ventas, reducción de inversiones y, en algunos casos, pérdida de empleos
¿Cómo afecta esto a Estados Unidos?
Aunque la imposición de aranceles puede parecer una victoria para ciertos sectores industriales estadounidenses, sus efectos negativos podrían superar cualquier beneficio a corto plazo. En primer lugar, los consumidores estadounidenses podrían enfrentar precios más altos en productos que dependen de insumos importados, como automóviles y electrodomésticos. Además, las empresas estadounidenses que dependen de cadenas de suministro globales verán aumentados sus costos de producción.
Por otro lado, las represalias de Canadá y México afectarán a los exportadores estadounidenses, especialmente en sectores como la agricultura y la manufactura. Por ejemplo, los agricultores estadounidenses, que ya enfrentan desafíos económicos, podrían perder acceso a mercados clave en México y Canadá. Esto no solo perjudicaría a las empresas, sino también a los trabajadores cuyos empleos dependen de estas exportaciones.
El reconocimiento de Trump de que estas medidas podrían perjudicar a Estados Unidos es revelador. Parece admitir que la estrategia es arriesgada y que sus beneficios son inciertos. Esto plantea la posibilidad de que las medidas estén más motivadas por consideraciones políticas o tácticas de negociación que por un análisis económico sólido.
Tratados de libre comercio y la cláusula de la nación más favorecida
La guerra arancelaria también pone en entredicho los principios fundamentales del comercio internacional. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), en vigor desde 2020, fue creado para fortalecer la cooperación económica y facilitar el libre comercio entre los tres países. Sin embargo, la imposición de aranceles contradice el espíritu de este acuerdo y podría debilitar la confianza entre los socios comerciales, generando incertidumbre sobre el futuro de la integración económica en la región.
Además, estas medidas podrían entrar en conflicto con la cláusula de la Nación Más Favorecida (NMF), un pilar de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Este principio establece que cualquier ventaja comercial concedida a un país miembro debe extenderse a todos los demás. Al aplicar aranceles selectivos a Canadá y México, Estados Unidos corre el riesgo de vulnerar este compromiso, lo que podría derivar en disputas dentro de la OMC y afectar su credibilidad en el comercio global.
Las guerras arancelarias son un arma de doble filo: aunque pueden utilizarse como herramienta de negociación, sus consecuencias suelen ser impredecibles y, en muchos casos, perjudiciales para todas las partes involucradas. La decisión de Estados Unidos de imponer aranceles a Canadá y México no solo ha generado tensiones con dos de sus principales aliados comerciales, sino que también podría afectar negativamente su propia economía. En un mundo cada vez más interconectado, las medidas proteccionistas rara vez son la solución, ya que el comercio no es un juego de suma cero: cuando las economías crecen juntas, todos se benefician. En lugar de recurrir a tácticas confrontacionales, los países deberían apostar por el diálogo y la cooperación. La verdadera pregunta es si Estados Unidos comprenderá esta lección antes de que sea demasiado tarde.


