LA NORMALIZACIÓN DE LO INACEPTABLE

Por KMSF

Los que pueden, se van, abandonan el barco llamado Sinaloa, los que se quedan llevan la preocupación constante de que “algo pueda pasar”, que como en cualquier situación de estrés continuo, la mente tiende a normalizar, a adaptarse a la situación que no tiene solución o escapatoria.

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Nuestro bello Estado, generoso, con personas reconocidas por su empatía, excelentes anfitriones, leales, amigos entrañables, hoy día enfrenta un conflicto entre grupos antagónicos, otrora socios del crimen organizado, por lo que todas estas virtudes de nuestro estado se vuelven en su contra.

La aceptación por la sociedad sinaloense de actividades delictivas, de su dinero, de su forma de conceptualizar a los “héroes”, su forma de vida, sus santos, aceptación que permea hasta las entrañas de nuestra sociedad.

No es difícil de comprender esta aceptación, los que sembraban bajaban de la sierra con dólares a gastar en las ciudades del estado, invertían, primero buchones, gomeros, nuevos ricos al inicio, ricos a secas después; corridos, chirrines, historias, leyendas, hombres y mujeres bragados, duros, fuertes e inquebrantables, leales hasta la muerte, los criminales con conciencia, que se preocupan por su comunidad y sus amigos, de historias de hombres que pasaron de pobres a ricos por valientes, muy valiente pero siempre anda armado, ensalzándolos siempre, dejando las historias oscuras de estos personajes en susurros, en comentarios en voz baja, no vaya a ser que alguien escuche y se enteren.

Con el tiempo, tu amigo de la infancia, parientes, vecinos, de ser parte de una oficina o tener un negocito, comenzaron a trabajar con estos “héroes”, dinero fácil, a manos llenas, ¿a quien no le gusta el dinero fácil y a raudales?, así nuestra costumbre de ver a gente con la que creciste de convertirse en gente del Patrón, en alguien “pesado”, a quien no puedes negarle el saludo, con quien te relacionas en fiestas porque alguien lo invito o se le dio la gana ir y ahí estas, con una cerveza a lado de gente armada, pá que no se ofenda, así varias veces, hasta que lo aceptas, lo normalizas, es inevitable te dices, no hay nada que puedas hacer, con esa gente mejor no te metas.

Con el tiempo, esta gente acaudalada, tuvo hijos, que, al tener la posibilidad económica desde su nacimiento, estudiaron en las mejores escuelas, viajaron por el mundo y comenzaron a dictar tendencias, de moda, de gustos, de música, de formas de comportarse, de hablar, de lugares.

Y quienes mas se engancharon con estas tendencias fueron los jóvenes, carne de cañón para ellos, que, a falta de identidades a seguir, deslumbrados por el dinero fácil, los lujos y excesos, a romper las reglas sin consecuencias…a ellos les vendieron todo eso, la promesa de ser el patrón un día, tener tu corrido, gozar de todos los beneficio, sentirse identificados con alguien que admiran, sentido de pertenencia a algo, ser gente de, a falta de incentivos para crecer económicamente, una sociedad que los dejo a la deriva, un gobierno indolente de su falta de oportunidades, sin nadie que reconociera sus talentos etc. etc.

Hemos perdido una generación de jóvenes.

Nos acostumbramos a voltear a otro lado, nos decimos que no tiene que ver con uno, hasta que tiene que ver contigo.

Hoy, toda la sociedad sinaloense lo padece, las consecuencias de voltear a otro lado.

Hoy, no queda mas que normalizarlo, acostumbrar salir a ciertas horas, un toque de queda voluntario y a veces involuntario, “radiar” a tu familia y amigos para ver donde y como está, reunirse sin ruido y hasta quedándose a dormir con el anfitrión, someterse cabizbajo a que un cretino te cuestione a donde vas y a que te dedicas por que trae una 45 fajada o un cuerno de chivo terciado en el pecho, porque además lo acompaña un grupo nutrido de sociópatas armados hasta los dientes, que se sientes amos y señores de tu ciudad, ellos mandan, por mas que salga el gobernador o el secretario de seguridad federal que todo está tranquilo.

Lo normalizamos, lo aceptamos, lo consentimos.

Tenemos más de 100 años los sinaloenses admirando criminales, poniéndolos en pedestales, admirando mas el valor de un hombre bragado, aunque sea un bandolero y asesino, que a un hombre que honradamente lleva el pan a su casa, que no se deja tentar por la promesa del dinero fácil por una conciencia tranquila.

Lo hemos normalizado, somos rehenes de nuestro consentimiento.

Somos rehenes de sociópatas, quienes no demuestran discernimiento entre el bien y el mal e ignoran los derechos y sentimientos de los demás, les importa poco lo que afectan de forma intencional a los otros, manipulan o tratan a los demás con crueldad o indiferencia.

No sienten remordimiento o no se arrepienten de su comportamiento.

De ellos somos rehenes, de nuestra normalización de la violencia, de nuestra indiferencia, de aceptar lo que debería ser inaceptable.

Vox Populi
Columnista

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