Mi catarsis, tu entretenimiento.

Por Adrián Espinosa de los Monteros.

José Madero no deja de sorprender en la escena músical del rock latinoamericano, pues con su más reciente álbum titulado “Sarajevo” se confirma como uno de los mejores compositores de esta parte del mundo. 

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Con el estilo melancólico que lo ha caracterizado desde que comenzó su carrera como solista (Carmesí) ahora Madero regresa con otra entrega que no solo resuena con su más longeva base de fans, sino que también lograr captar nuevas audiencias al mezclar una gran variedad de ritmos y algunos subgéneros también, demostrando su capacidad para seguir evolucionando como artista.

En cuanto al ritmo, el disco hace honor a los ya conocidos cambios de ritmo del cantante regiomontano, pues mezcla ritmos tranquilos y melódicos, pero también momentos de mayor energía que dejan al oyente con ganas de gritar como solo él lo sabe hacer, con notas donde el rock se hace sentir, acercándose al ritmo perfecto entre lo relajante y lo enérgico, haciendo que el oyente quede enganchado durante toda la experiencia del álbum.

Las letras de “Sarajevo” continúan con el tono introspectivo que caracteriza a Madero, como si quisiera inconscientemente establecer un diálogo con los oyentes, pues estas se sienten muy personales y con algunas cuestiones universales que abordan temas como la reflexión personal, las relaciones, la soledad, y en algunos momentos, el cuestionamiento social. Es un álbum donde se nota una búsqueda de equilibrio entre lo emocional y lo intelectual. Como siempre, sus letras tienen una carga filosófica que invitan a reflexionar sobre sus propias experiencias.

Una de esas cuestiones se hacen sentir muy personales, especialmente en “Día de Mayo” cuando dice: “Ayúdame no quiero estar conmigo” una línea que invita a reflexionar sobre la pesadez de la propia existencia o como diría Milan Kundera, “la insoportable levedad del ser”. Y remata con: “Vine a callar a mi pesar, no a picarle más la cresta”. 

En el dueto de “Dafne” con Sofia Thompson lo deja claro: “Estás en un error, mis canciones son de amor, ponles atención”. En “Érase una Bestia” que viene de “Érase una vez” dicho por el mismo José, nos relata las pasiones más terrenales, masoquistas y obscuras de los seres humanos al señalar que: “pegame con el puño, me gusta; siento el ser tuyo me gusta, te veo ahogándote y no me gusta, y allá voy, a tu lado moriré y no me gusta; sí me gusta”; la canción tiene algo de profética, además, por aludir al fin del mundo.

Mientras tanto, y evocando un poco a Poetics (Panda), Baila Conmigo describe una suerte de relación subordinada entre 2 personas, al tiempo que detalla relaciones carnales: “Total aquí tú eres la ley; alrededor no hay nadie, estoy solo, veo puros cuerpos, no les veo el rostro; no tiene caso verlos a los ojos; veo la sangre y respiro hondo, al ver la sangre me hago un lobo; eres bella cuando lloras, llora hasta que salga el sol, eres bella cuando lloras baila al ritmo del dolor”

Sin embargo, sin duda la canción más conmovedora de este álbum es “Luciérnaga”, que trata sobre el feminicidio. Personalmente, cuesta mucho trabajo procesar esta canción cuando la escuchas por primera vez y por más que suene a cliché, es una canción muy fuerte, densa, y se hace aún más complicado si se escucha mientras se ve el video oficial, que navega entre cárceles, terrenos baldíos, veladoras y casas vacías. 

Cuenta el propio José Madero que dudó en sacar la canción por la naturaleza de la misma y las críticas que podría desatar, entre ellas el “lucro con el dolor ajeno”. Agrega, incluso, que invitó a otros artistas a colaborar con él, petición que fue rechazada más de una vez. Para honrar a la familia afectada y a la propia víctima, Madero decidió que lo mejor era incluir audios de la madre leyendo la carta que le escribió a su hija:

Nuestra conexión es inquebrantable”

“Cierro los ojos y veo tu luz radiante”

“No había modo de defenderte de esa infamia”

Sanar en voz alta evita que otros mueran en silencio”

Brilla como siempre hija”

En el video, los simbolismos son brutales: no está la víctima, ni la familia, ni el victimario; solo las voces de a quienes les duele. Madero logra plasmar con maestría y con mucho respeto el dolor de miles de familias que han sufrido la vejación de perder a un ser querido a manos de la violencia: 

Tu ausencia la sentí inmediata; no llegaste a casa; al recibir la llamada; también mi vida estaba acabada; no volarás como paloma, nunca tendrás tu noche de bodas; nunca serás madre como era yo; no usarás más esa corona; no estarás más aquí y ahora; alguien robó la vida que te di yo; fui yo, fui yo, fui yo”

Sin duda “Luciérnaga” es una canción que invita a reflexionar, que retrata la desesperanza: “Gritale a Dios, nos tiene olvidados”; sobre la incompetencia de las autoridades: 

“La autoridad no se ha presentado”; sobre la rabia: “Sigue con vida ese bastardo”; sobre la paradoja de lo efímero de la vida: “Dura tanto este maldito instante”; sobre uniones inquebrantables: “Siempre seré tu madre”; sobre la impotencia: “Si te hubiera podido defender”, sobre la culpa: “Fui yo”; y sobre la añoranza: “Si estuvieras aquí”.

Finalmente, la última canción de este maravilloso disco se titula “Noble Gas” que con un piano sutil y la letra introspectiva de José logra crear la atmósfera perfecta de la melancolía, el luto y el surrealismo: “Me siento atrapado en el vapor; respiralo profundo que soy yo, que no ves soy yo” y ese piano delicado sigue, mientras se repite el denominador común de este álbum dicho por el mismo Pepe: 

Las referencias a la nada, a la insignificancia: “Vuelvo a ser nada otra vez, eh-eh-eh-eh, respirame profundo otra vez, una última vez” y una referencia cinematográfica: “Ve borrando huellas como en El Resplandor”; la dureza de la pérdida: “Poder perderte una última vez”; el recuerdo surrealista de alguien que ya no está: “O mi cuerpo sublimar y transformarme en nada una vez más, respirame profundo más”

En general, Sarajevo de José Madero es un disco para escuchar más de una vez, repetidamente, no porque no se le pueda detectar la brillantez a la primera, sino porque la calidad del artista y de semejante producción así lo demandan. Un disco que refleja la vulnerabilidad y la resiliencia de la especie humana. Lo absurdo de la existencia, como querrían Camus y Kafka.

Adrián Espinosa de los Monteros Tatto
Columnista
Es licenciado en Comunicación por la Universidad de las Américas CDMX y maestrante en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Autónoma de Sinaloa, ha colaborado como articulista en los sitios Vida Pública, Cultura Colectiva y Milenio. Trabaja en comunicación digital y escribe sobre asuntos públicos, ideología, democracia, discurso, teoría política y económica.

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