Por Luzma Beltrán Calderón.
Caminando por las calles de mi ciudad, llena de mujeres hermosas, trabajadoras e inteligentes, madres incansables con rostros cargados que susurran historias. Entre una mezcla de sueños progresistas y sombras desfasadas ¿quiénes somos en medio de este bombardeo de ideas? ¿quiénes somos en realidad?
La noción socialmente construida de las características más importantes de las mujeres, aquellas que debemos esforzarnos por alcanzar y mantener, ha fabricado estereotipos, construyendo identidades obsoletas frente a los desafíos que enfrentamos en diferentes contextos en medio de esta revolucionada evolución.

Las expectativas tradicionales sobre el papel de la mujer en la familia y la sociedad entran en conflicto con los ideales modernos de independencia y autodeterminación lo que complica aún más la definición de un “ideal”.
El debate en nuestra sociedad hipercomunicada se ha vuelto cada vez más violento y enfocado en prejuicios. Ya no hay diálogos reales; emitimos criterios convertidos en armas de odio. ¿Quién quiere pregonar autenticidad en una cultura como la nuestra, donde todo lo que antes era “normal” ahora puede ser un insulto? ¿Cómo sobrevive un ideal en medio de un mundo realista? O ¿Cómo se desdibujan los calificativos impuestos a las mujeres? ¿Cuándo ser mujer se convirtió en un epítome para el extremo ideológico o una manera de señalar lo absurdo y desagradable?
Aun así, la condena por delito grave sigue siendo la letra escarlata que nos señala como a una mujer juzgada y exhibida ante el pueblo por tener un espíritu libre, por no seguir las reglas, por no seguir la imagen de mujer perfecta. El conflicto entre apariencia y realidad; en un enfrentamiento que no es contra la realidad concisa de un sistema que te analiza desde la distancia, sino contra ti misma. Enfrentarte a esa percepción sobre ti misma y sobre quién eres es una necesidad apremiante.
Todo esto complica aún más la definición de un “ideal”. En medio de esta lucha enjuiciadora, surge una verdad ineludible: la fuerza de una mujer no reside en conformarse a un ideal impuesto, sino en desafiarlo, en romper las reglas de las expectativas y en forjar su propio camino. Porque ser mujer en una época complicada no es una condena, sino una oportunidad para redefinir lo que significa ser verdaderamente libre.
Conviértete en tu propio epilogo, desafía el estigma, se auténtica abrazando quién eres con honestidad, sin moldes impuestos, fuerte, emprendedora, creativa, progresista. Trabaja con entusiasmo, actúa con iniciativa, disfruta hacer el bien, digna de confianza como una garantía segura, generosa, una mujer completa consigo misma, y ¡FELIZ¡ decide ser lo que quieras SER. Responde al llamado de la autoaceptación y se valiente esto es el verdadero empoderamiento, la verdadera libertad.


