La geopolítica del Internet. Parte 1: Orígenes militares de Internet.

Por:  Carlos Paredes

Internet nace durante la Guerra Fría como una sofisticada arma de vigilancia estadounidense contra la URSS, y tras la caída del bloque soviético su uso se amplió a más países. Con la actual consolidación (más que surgimiento) de nuevas potencias como Rusia y China, la arquitectura global de internet se redefine y presenta una tendencia hacia su nacionalización. En esta primera parte del artículo abordaremos la creación de internet como un arma militar, mientras que en la segunda hablaremos sobre cómo la reconfiguración de la arquitectura de internet está vinculada a la reconfiguración del panorama internacional, con los BRICS+ encabezando lo que puede apreciarse como la multipolaridad del ciberespacio.

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I. Desglobalización y multipolaridad

No es sorpresa para nadie que la globalización tal como la conocemos hoy se encuentra en una grave crisis, muy cerca de su fin. Su colapso tiene múltiples causas: desde la enorme desigualdad que generaron las políticas neoliberales al interior de numerosos países y a nivel internacional, pasando por haber socavado la confianza de la sociedad y naciones enteras ante las instituciones emanadas de este orden como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial con sus políticas de doble rasero, hasta el decepcionante papel de la ONU para cumplir su objetivo principal que era evitar nuevas guerras. A lo anterior se suma el profundo impacto que tuvo la pandemia de Covid-19 a nivel mundial, no solo por el duro golpe que representó a la economía sino que constituyó un evento con el cual el Estado pareció salir del letargo en el que se encontraba, ejerciendo un rol más activo para lidiar con este problema, lo cual va contracorriente respecto a las medidas pregonadas por el neoliberalismo de reducir su papel “intervencionista”.

Por estas y otras razones, hoy se presentan diferentes síntomas de su colapso. La fragilidad del modelo neoliberal sigue causando crisis financieras y recesiones económicas. La ONU, paralizada e inoperable a causa del poder de veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad no ha logrado frenar la invasión rusa a Ucrania, el genocidio del pueblo palestino perpetrado por Israel, y la nueva guerra entre Irán e Israel, que pese al cese al fuego puede continuar. Ni la OMC es incapaz de lograr un proceso de gobernanza económica global en cuanto a la guerra arancelaria lanzada por Estados Unidos primero contra China y después contra el mundo, ni la OMS logra coordinar respuestas ante contingencias toda vez que durante la pandemia los países prefirieron optar por mecanismos nacionales. Por si el desmoronamiento de las instituciones internacionales nacidas después de la Segunda Guerra Mundial fuera poco, a este panorama se suma el ascenso de regímenes de ultraderecha a nivel mundial que han sabido capitalizar la indignación de la sociedad ante los fallos de la globalización y el neoliberalismo así como la desilusión causada por el papel de supuestas democracias liberales al no conseguir bienestar para la sociedad. En lugar de ello, el individuo quedó abandonado por el Estado, en un panorama de inseguridad social y laboral, convertido en un consumidor antes que en un ciudadano y con servicios que deberían ser básicos son privatizados. Existen diferentes ejemplos del auge de regímenes de ultraderecha alrededor del mundo, pero destacan los casos de la Unión Europea que se veía a ella misma como un guardián de los valores liberales (por más hipócrita y ambivalente que resulte dicha afirmación). Ejemplo de ello son los diferentes gobiernos que quieren abandonar este bloque o reconfigurarlo en pro de su soberanía, como Giorgia Meloni en Italia, Viktor Orbán en Hungría, o el recién electo Karol Nawrocki en Polonia, por no hablar del ascenso de AfD en Alemania. Así mismo, en el regreso de Trump a la presidencia de Estados Unidos se encarna un resurgimiento del nacionalismo proteccionista con el que argumentablemente puede apreciarse el fin de la globalización en su vertiente neoliberal, o el inicio de un proceso de desglobalización.

Es importante notar que el concepto de desglobalización lleva en sí mismo la noción de cierto vacío de poder por parte de occidente y su orden (neo)liberal en la esfera internacional, toda vez que coincide con la idea de la multipolaridad pregonada por los BRICS+. Esta teoría desarrollada principalmente por Dugin se refiere a la coexistencia de múltiples centros de poder a nivel global que pueden ser países, organizaciones o regiones con influencia en política internacional, economía, seguridad, tecnología, el sector militar, etc. De manera diametralmente opuesta al dominio unipolar de Estados Unidos, la multipolaridad implica el reconocimiento de la presencia de varios actores con capacidad de decisión e influencia en el escenario internacional. Con ella se busca equilibrar y diversificar el poder global, permitiendo una coexistencia entre diferentes actores, lo cual no quiere decir que este orden mundial (ahora más visible) se traduzca en mayor igualdad o justicia absolutas, pero sí que es plural y considera cosmovisiones diferentes a la de occidente. Prueba de la ya existente multipolaridad es el poder económico y tecnológico de China capaz de hacerle frente a Estados Unidos, la consolidación de Rusia e Irán en el sector militar, países subestimados en sus capacidades por la OTAN y por Israel respectivamente, así como el papel de diferentes potencias regionales que pueden decidir si alinearse o no a las principales potencias globales, y hasta qué punto, como Brasil, Arabia Saudita, Indonesia, Turquía, etc. aunque en muchas ocasiones algunos de ellos actúen con cierta ambivalencia en la política internacional.

II. Internet visto desde la desglobalización

Ante tal escenario, no se ha prestado demasiada atención a un efecto interesante que puede continuar avanzando: la nacionalización del internet. Esto quiere decir que la desglobalización (¿o reglobalización?) se puede observar desde arquitecturas de este servicio independientes (en su totalidad o parcialmente) de las de occidente. Cabe señalar que internet permitió la instauración de la globalización en su formato actual, esto es, la intensificación de la interconectividad del mundo, concretamente bajo los preceptos del neoliberalismo. Considerando esta herramienta como el más importante medio de comunicación en la actualidad, la relación que tiene con el rumbo de la globalización es señalada por Lule al postular que la comunicación y la globalización son fuerzas que han evolucionado juntas, influyendo una en la otra desde los inicios de la civilización. Por ende, internet puede verse como un barómetro de la globalización, y por tanto de la desglobalización.

En este sentido, entre las principales causas del desacoplamiento de arquitecturas de internet nacionales respecto al “internet global”, destaca el uso de este último como un arma de vigilancia ilegal ejercida por Estados Unidos a nivel internacional, ante lo cual varios miembros de los BRICS+ han optado por desarrollar infraestructuras independientes a la de Estados Unidos y de la Unión Europea, una medida que si bien no está exenta de críticas válidas por censura y férreos controles del Estado en el ciberespacio, representa un primer paso hacia la soberanía digital y la soberanía de los datos (dos conceptos que se explicarán en un segundo artículo de este tema).

Por lo anterior, es necesario entender que el ciberespacio se considera desde hace algunos años como una nueva área en disputa entre las potencias globales para ejercer su influencia más allá de los frentes tradicionales (tierra, mar y aire). En otras palabras, internet representa un frente de guerra no convencional, con empresas tecnológicas, grupos de hackers y centros de espionaje como actores principales y en donde se utiliza la desinformación, ciberataques y cibervigilancia como métodos ofensivos. De ahí que la lógica de una infraestructura de internet propia de un país sirva para proteger la privacidad de los datos de sus ciudadanos así como información militar, de inteligencia, gubernamental y financiera, de ataques externos, al tiempo que permite controlar el flujo de información en redes sociales, lo que potencialmente puede evitar la expansión de grupos terroristas que reclutan a sus miembros por redes sociales como ISIS, Boko Haram, o Al-Shabaab.

III. Orígenes militares de internet

Con lo anterior ahora podemos profundizar en el contexto donde surge internet así como su propósito original. Para ello es posible remontarnos a 1957, cuando en plena Guerra Fría, la URSS puso en órbita el satélite Sputnik I, lo que encendió las alarmas del gobierno estadounidense de Eisenhower que respondió con la creación de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados (ARPA, por sus siglas en inglés) en 1958, sujeta al Departamento de Defensa (DoD). Desde este momento, se hablaba de una “batalla tecnológica” contra la URSS en la que ARPA desempeñaría un papel preponderante en la investigación de avances científicos y tecnológicos aplicables al campo militar (cabe resaltar que ARPA cambió su nombre a DARPA: Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, en 1972, término por el que nos referiremos a esta institución).

De esta forma, DARPA creó ARPANET en 1969 con dos objetivos principales. Por una parte, se permitía el intercambio de información entre científicos e investigadores en diferentes instituciones mediante mensajes de correo electrónico, contando con la participación de universidades como la Universidad de California en Los Ángeles, la Universidad de California en Santa Bárbara, la Universidad de Utah y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, así como de centros de investigación como el Stanford Research Institute. Por otra, dado el contexto de la Guerra Fría, el gobierno de Washington temía sufrir un ataque nuclear por parte de la URSS que le hiciera perder información valiosa almacenada en sus servidores, al tiempo que se veía en la necesidad de poseer un medio de comunicación lo más efectivo posible entre el Este y el Oeste de su país, por lo que decidió crear esta red descentralizada capaz de mantener comunicación entre sus nodos (servidores distribuidos por las instituciones mencionadas) a pesar de recibir ataques.

Esto último se lograba mediante el método de conmutación de paquetes (packet-switching) de comunicación de redes de datos, una técnica informática que permitió la creación de más redes locales que tenían propósitos específicos, como transmisiones por satélite, canales de radio, sistemas de televisión o proyectos de universidades para compartir información. Existía entonces todo un ecosistema de redes de datos que contaban con diseños y protocolos muy diferentes, con usos tan disímiles pero que permitían una comunicación muy rápida que aprovecharon otros medios tradicionales. A pesar de esto, ARPANET seguía siendo la red más grande de la época, y supo ver en la aparición de todos estos nuevos proyectos particulares una oportunidad de crecimiento astronómico.

Durante la década de 1970, la DARPA financió el desarrollo de formas de interconectar 25 redes académicas y de comunicación bajo una sola, que posteriormente fueron 330 y siguieron incrementando, lo que auspició la aparición de un internet similar al de hoy en día. Para 1984, ARPANET sufrió una bifurcación que separaría de esa red de redes a MILNET, una infraestructura especial para las prioridades del Departamento de Estado y las necesidades militares del gobierno estadounidense.

IV. Internet como arma de espionaje

El 6 de junio de 2013 The Guardian publicó una muy alarmante, aunque predictible noticia. Se trataba de una revelación de documentos ultrasecretos por parte de Edward Snowden sobre cómo la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) mantenía un programa de vigilancia en internet a nivel mundial mediante el acceso a los servidores de las principales empresas digitales y de telecomunicación estadounidenses como Facebook, Google, Apple, YouTube, Yahoo, Miscrosoft, Skype, Verizon, entre otras, con la cobertura de reformas a la ley de vigilancia en los gobiernos de Bush y Obama. Dicho programa de espionaje masivo recibió el nombre de PRISM, con acceso a todo tipo de información de los usuarios de las plataformas mencionadas. Entre los datos a los que la NSA podía (¿o aún puede?) acceder se encuentran mensajes de correo electrónico, videollamadas, mensajes de voz, fotos, archivos, etc.

Es posible notar de esta forma que, a pesar de que MILNET se separó del internet que es de uso público, esto no se tradujo en que este último dejase de ser una sofisticada arma de nivel militar sujeta al DoD mediante la NSA. Motivo más que suficiente para que diversos países de todo el mundo desconfiaran de lo que Estados Unidos pudiera estar haciendo con la información de sus gobiernos y empresas dependientes de su sistema de internet. En este sentido, cabe recordar que además de PRISM, el gobierno de Estados Unidos ha estado involucrado en más proyectos de vigilancia, como Echelon o Fairview. Snowden señala que la sección 702 de la Ley de Enmiendas FISA le permite a la Intelligence Community (IC), órgano que aglutina a diversas agencias de inteligencia entre las que se encuentran la CIA y la NSA, establecer como objetivo de espionaje a cualquier persona no estadounidense por la posibilidad de servir a inteligencia extranjera sin necesidad de una orden judicial.

Queda claro que el ciberespacio se interpretó como una cuestión geoestratégica por parte de Estados Unidos, quien aprovechó al máximo este nuevo rubro para interferir comunicaciones de todo tipo y así extender su hegemonía más allá de lo que programas de espionaje tradicionales le pudieron haber permitido.

Adicionalmente, Jalife-Rahme señala otro proyecto de espionaje filtrado por Snowden: MUSCULAR. Al igual que PRISM, tuvo acceso a la información de plataformas como Facebook, Google y Yahoo!, aunque se diferencia principalmente porque sus intersecciones a las fibras ópticas de estas empresas fueron realizadas por la NSA en conjunción con el Government Communications Headquarters (GCHQ) de Gran Bretaña, y más importante aún, fue un proyecto que eludió las enmiendas FISA. Es importante señalar que estos programas se dieron a saber por filtraciones, y de no ser por personajes como Edward Snowden probablemente el conocimiento que se tuvieran de ellos sería aún más escaso que en la actualidad, por lo que cabe la posibilidad de preguntarse sobre la existencia de más proyectos de vigilancia liderados por la NSA en la actualidad de los que no se sabe nada.

Hasta ahora hemos descrito el panorama predominante de internet hasta hace no muchos años, pero es necesario profundizar en ejemplos concretos para constatar la existencia de la multipolaridad (o multipolarización) del ciberespacio, por lo cual en la parte II se abordarán los casos de Rusia, China, la India e Irán como los más claros de esta tendencia.

Vox Populi
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