“MÉXICO LINDO Y HERIDO”

Por Areli Regain

México es el país de cultura, de biodiversidad, de lenguas, de historias se cuentan en comales encendidos con abuelas trenzandote el cabello, un país donde su gente lo para todo y se levanta en un solo corazón cuando la tempestad del planeta hace oír su voz.

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México es la tierra de quienes la trabajan de sol a sol, de las miles de hombres y mujeres que coinciden tradición, de quienes tienen fé en un dios, aquí se le hace fiesta a lo divino, a santos que conceden milagros, a refugios donde sus creyentes van cuando el mundo se les viene abajo.

México es el paraíso soñado, playas, flora y fauna como en ningún otro lado, de aquí vienen los pulmones que nos hacen respirar a diario. México resuena en todas partes, su gente a donde sea que vaya, es reconocida por esa chispa especial de intensidad, picardía y mucho corazón.

En fiestas patrias, gritamos ¡Viva México! en todos lados, pero yo digo, ¿Viva México?, ¿Vivan los héroes de esta patria?, ¿quienes son?, ¿México lindo y querido, o México lindo y HERIDO?

Un teléfono móvil mostrando la interfaz de WhatsApp, con un texto que invita a unirse a un canal en la aplicación.

Aquí no hay nada que celebrar, pero sí mucho que honrar, que recordar, que seguir verbalizando para que no caiga en el olvido, para no permitir que el Estado los olvide, los tape con su bandera rojo sangre y en tres campanadas, como un ritual bien aprendido, simplemente pase desapercibido lo que debería ser importante gritar.

Los héroes y heroínas de esta patria no se encuentran vestidas o vestidos de traje hecho a la medida, mucho menos comiendo en los mejores restaurantes haciendo uso de cargos rimbombantes, están afuera en las calles, trabajando día y noche por hacer lo que el Estado no hace, y la noche del 15 de septiembre, un hecho histórico, mientras la primera mujer en la historia de este país da el grito de Independencia, ella, quien juró que llegamos todas, nos está fallando porque no ha decidido ser aliada ni compañera, en Palacio Nacional vestida de gala estará, mientras la gente que la necesita, por su vida pedirá, es un grito de incertidumbre, de piedad y de justicia lo que el pueblo da.

Familias enteras que remueven a diario la tierra, esperando que esta les devuelva a sus corazones desaparecidos, a ese miembro que dejó sola una silla en la mesa, una familia fragmentada que no se puede dar el privilegio de llorar ni de parar, porque aquí, si no son ella ni ellos, nadie va a buscar.

Pueblos originarios que hacen arte con las manos, que con la magia de la sabiduría ancestral, logran que florezca la tierra, que pintan, esculpen, tejen y crean, porque son artistas de la vida y la memoria, pero aquí en este país, se les obliga a vender sus cultivos a precios inhumanos con empresas monstruosas y multimillonarias.

Pueblos que son desplazados porque la prioridad de los millonarios son los megaproyectos a los que se les invierte dinero manchado de sangre, proyectos que solo funcionan para destruir el ecosistema de quienes por generaciones lo han protegido. A esos pueblos que todavía conservan el lenguaje ancestral y son apartados si intentan buscar un futuro en la capital.

Están las cárceles hacinadas, llenas de culpables e inocentes, llenos de historias que se pudieron haber p evenido si se tuviera perspectiva de infancia en el Sistema de Justicia, un tejido social completamente roto, porque dentro de los penales o se compra la justicia, o se sigue delinquiendo, o quienes tienen la oportunidad de salir, el sistema les falla, porque no hay reinserción real en este país.

Porque aquí solo se tapa el sol con un dedo, porque es más fácil tener gente privada de la libertad, que prevenir la comisión del delito. Porque el punitivismo ahoga y segrega, no soluciona.

Las mujeres, las niñas, las madres, las estudiantes, las que a diario salimos con las llaves temblando, mientras rezan por nosotras para que nuestro regreso sea a salvo, las que tenemos que demostrar el doble para que nuestra capacidad sea vista, a nosotras, que nuestra justicia depende del largo de nuestra falda o de la profundidad de nuestro escote.

El Sistema Heteropatriarcal Terrorista no discrimina, aquí infancias, adolescencias, jóvenes y adultas mayores peleamos por nuestra vida día con día. Nos abrazamos con desconocidas porque entre nosotras nos cuidamos y marchamos cada año, esperando que ese sea el último, en una ilusión de que por
fin, nos hagan caso.

Estamos la clase trabajadora, la obrera, que madruga para recorrer largas distancias por un salario que sustente a nuestras familias, que nos atenemos a la inseguridad, la discriminación y las desigualdades e las empresas. La clase obrera que mantiene la economía diaria del país.

Que no se nos olvide el activismo, a quienes defendemos la vida sabiendo que nos puede costar la propia, a quienes estamos en primera línea de batalla sin chaleco antibalas, a quienes respondemos cuando el Estado calla, cuando nos manda a silenciar, torturar y desaparecer, porque nuestro trabajo incomoda, y sea cual sea la causa que nos conmueva, ahí estamos, en pie de lucha, en resistencia colectiva, porque solo eso es lo que puede salvar a este México.

Podría seguir y seguir, honrando a quienes son nuestros héroes y heroínas a diario en este país. No hay nada que celebrar hasta que todas, todos y todes seamos parte del grito y la acción presidencial. Hasta que la humanidad y la ternura sean certeza, los derechos dejen de ser privilegios y la justicia sea colectiva.

Hasta entonces, no hay nada que celebrar.
¿VIVA MÉXICO?

Areli Regain
Columnista

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