Trump, Powell y el eco de Nixon: cuando la política desafía a la Reserva Federal.

Alfredo Inzunza

Por Alfredo Inzunza

La independencia de la Reserva Federal no es una abstracción académica ni un tecnicismo burocrático, es uno de los pilares silenciosos sobre los que descansa la credibilidad económica de Estados Unidos y, por extensión, la estabilidad del sistema financiero global, cuando ese principio se ve cuestionado, los mercados escuchan, aunque no siempre reaccionan de inmediato, el enfrentamiento actual entre el presidente Donald Trump y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, no es un episodio aislado ni inédito, tiene precedentes históricos claros, y uno de ellos es el de Richard Nixon en 1972, el cual ofrece una advertencia que hoy resulta particularmente pertinente.

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La Reserva Federal fue concebida, desde su creación en 1913 y reforzada institucionalmente tras el Acuerdo del Tesoro y la Fed de 1951, para operar con autonomía frente al poder ejecutivo, el objetivo era evitar que la política monetaria quedara subordinada a las urgencias electorales del momento, no se trataba de aislar al banco central de la democracia, sino de protegerlo de su versión más cortoplacista, esa arquitectura institucional es la que hoy se encuentra bajo tensión.

En semanas recientes, Jerome Powell denunció que la Fed enfrenta citaciones del Departamento de Justicia, bajo la amenaza de una posible acusación penal relacionada con su testimonio ante el Congreso sobre la renovación de la sede del banco central, Powell fue claro: más allá del aspecto administrativo, el episodio debe entenderse como parte de una presión política sostenida para condicionar las decisiones de política monetaria, el mensaje implícito es inquietante: cuando la Fed no responde a las preferencias del presidente, se le expone al escrutinio penal.

Este tipo de presión recuerda inevitablemente a otro momento crítico en la historia monetaria estadounidense, a comienzos de la década de 1970, el presidente Richard Nixon enfrentaba una economía débil y una elección crucial, su diagnóstico era simple: tasas de interés más bajas impulsarían el crecimiento, mejorarían el empleo y facilitarían su reelección, el entonces presidente de la Fed, Arthur Burns, fue objeto de una presión constante y documentada para relajar la política monetaria, Nixon consiguió su objetivo, la Fed aflojó.

En el corto plazo, la estrategia funcionó, Nixon ganó la reelección de 1972 por un margen histórico, pero el costo económico fue elevado y duradero, la combinación de política monetaria laxa, controles de precios y salarios, y choques externos desembocó en una espiral inflacionaria que marcaría a Estados Unidos durante toda la década, la inflación superó el 10%, los mercados financieros colapsaron en 1973 y la credibilidad del banco central quedó seriamente dañada, la factura llegó después de las urnas, pero llegó con intereses.

La lección de aquel episodio es clara: una Fed que cede ante la presión política puede ofrecer alivio inmediato, pero siembra inestabilidad futura, no es casualidad que, tras los excesos de los setenta, Estados Unidos terminara recurriendo a la política monetaria más restrictiva de Paul Volcker en los años ochenta, con costos sociales significativos pero con un objetivo ineludible: restaurar la credibilidad del banco central.

El paralelismo con el presente no es exacto, pero sí inquietante, Donald Trump ha criticado abiertamente a Powell, lo ha acusado de frenar el crecimiento y ha exigido recortes de tasas más agresivos, más aún, ha expresado su intención de reemplazarlo antes de que concluya su mandato, el uso de instrumentos legales (investigaciones, citaciones, cuestionamientos administrativos) como palanca política representa una escalada que va más allá del desacuerdo público.

No sorprende, por ello, que la reacción internacional haya sido inmediata, presidentes y gobernadores de bancos centrales, desde el Banco Central Europeo hasta el Banco de Inglaterra, han expresado su respaldo explícito a la independencia de la Fed, Janet Yellen, ex presidenta del banco central estadounidense y ex secretaria del tesoro fue aún más directa: advirtió que la investigación contra Powell es “extremadamente preocupante” y que los mercados deberían estar atentos, no se trata de solidaridad corporativa entre banqueros centrales, sino de la defensa de una norma que ha demostrado su valor durante décadas.

Los mercados, por ahora, reaccionan con cautela más que con pánico, el dólar se ha debilitado y el oro ha ganado terreno, pero la historia sugiere que la erosión institucional rara vez se refleja de inmediato en los precios de los activos, la credibilidad se pierde gradualmente y se recupera con dificultad.

El riesgo central no es Jerome Powell como individuo, ni siquiera el nombre de su posible sucesor, el verdadero peligro reside en normalizar la idea de que la política monetaria puede ser disciplinada por el poder político, una Fed percibida como subordinada perdería su capacidad de anclar expectativas inflacionarias y elevaría las primas de riesgo en toda la economía, para un país que depende de la confianza global en el dólar y en sus bonos, ese sería un costo difícil de justificar.

La historia de Nixon no es una anécdota lejana, es un recordatorio incómodo de que las presiones políticas sobre la Fed pueden ser exitosas en el corto plazo y desastrosas en el largo. Hoy, como entonces, la pregunta no es si el presidente puede presionar al banco central, sino si las instituciones están dispuestas y son capaces de resistir, en ese pulso silencioso se juega algo más que una tasa de interés: se juega la credibilidad del modelo económico estadounidense.

Alfredo Inzunza
Columnista
Es licenciado en Administración Financiera por la Universidad TecMilenio y maestrante en Gestión y Política Pública en la Universidad Autónoma de Occidente, ha colaborado como consultor financiero en M1 Consultores, actualmente es profesor en la Universidad Autónoma de Occidente y analista financiero en una empresa del sector agrícola. Escribe para compartir análisis claros y críticos sobre finanzas, geopolítica, política pública y su impacto en la realidad económica.

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