Por Miguel Álvarez
El escenario internacional actual nos deja una lección clara: la lucha por el poder ya no se gana únicamente con acciones, sino con la capacidad de construir y distribuir narrativas al espectro más amplio posible de personas.
Algunos actores políticos ya lo entendieron y ya sea que gobiernen o disputen el poder, utilizan las plataformas digitales como herramientas indispensables. Otros siguen esperando, con nostalgia, que el juego regrese al tablero viejo.
En décadas anteriores el poder político se disputaba en un terreno relativamente simple: medios tradicionales, discursos oficiales, conferencias de prensa y tiempos aire bien delimitados. Un modelo que a todas luces ya no es el dominante.
En su lugar, hoy tenemos ecosistemas digitales dinámicos, donde la narrativa se construye en tiempo real, se segmenta, se amplifica y se retroalimenta con una potencia inédita. El altoparlante es exponencialmente más grande.
Tan solo en México, a inicios de 2025, había 93 millones de usuarios de redes sociales en México, equivalente a 70.7% de la población total, y la cifra crece a un ritmo acelerado del 3% anual.
Pero más allá de las redes sociales, el consumo digital incluye un universo cada vez mayor de plataformas de streaming. El mercado mexicano de video bajo demanda por suscripción (“SVOD”) cerró 2024 con 14.3 millones de suscripciones activas, un crecimiento anual de 6.3% tras un periodo de desaceleración, impulsado por contenidos exclusivos y diversificación de planes. Además, en 2025 se estima que 77.4 millones de usuarios de internet en México escucharon contenido de audio digital (música, podcasts y audiolibros) a través de servicios de streaming, representando más del 80% de los internautas del país.
La adopción masiva del streaming demuestra que la audiencia digital en México ya no está fragmentada en un pequeño segmento: es un ecosistema amplio y consolidado que va más allá de redes sociales, integrando entretenimiento audiovisual y de audio en tiempo real y bajo demanda.
Por eso, los medios que entendieron que debían migrar a ecosistemas digitales no solo transformaron la industria, crearon un nuevo y enorme “tablero de ajedrez del poder”.
Esto ha llevado el juego de la comunicación política a un nuevo nivel, “publicar” no basta; se requiere crear contenidos diferenciados, construir comunidades, interpretar métricas, entender la conversación social, crear diálogo con las audiencias y competir contra algoritmos que premian la relevancia, la emoción y la permanencia.
Un componente central de este nuevo panorama es el crecimiento de plataformas como TikTok, cuya adopción ha escalado de manera sostenida tanto globalmente como en México. A nivel mundial, TikTok alcanzó aproximadamente 1.6 mil millones de usuarios en 2024, consolidando un crecimiento continuo en su base de usuarios activos, pese a desafíos en algunos mercados.
En el caso mexicano, datos recientes estiman que alrededor de 85.4 millones de personas en México son usuarias de TikTok, lo que posiciona al país entre los mercados con mayor adopción de la plataforma en el mundo.
Muchos actores alrededor del mundo ya comenzaron a sentarse frente a este tablero, conscientes de que la caja de Pandora no puede cerrarse. Por eso entre los movimientos políticos más exitosos de la última década se tiene un denominador común: dominio del ecosistema digital.
Sin embargo, otros aún escapan, sin comprender que quedaron atrás los días en que la propaganda impresa, la televisión abierta o la radio bastaban para moldear la opinión pública.
Entretanto, el silencio se prolonga, y donde hay silencio se fuga el poder. Porque este no espera, simplemente se redistribuye.




