Por Vaquero González
Enero de 2026 dejó un dato que hace unos años parecía imposible: 50.9 homicidios diarios en promedio. El número más bajo desde 2016. Una reducción del 42% respecto a septiembre de 2024.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo presentó como resultado de una estrategia de seguridad adecuada. Y más allá de la narrativa política, hay algo que no admite ideología: 36 personas menos asesinadas al día.
TREINTA Y SEIS
En un país que llegó a normalizar más de 80 homicidios diarios, esa diferencia no es estadística. Es humana. Durante años la violencia fue el ruido de fondo de México. La discutíamos en campañas, en sobremesas y en debates, pero terminó convirtiéndose en paisaje. Aprendimos a vivir con cifras que en cualquier otro país serían una emergencia nacional permanente. Por eso el dato importa.
Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el pico de homicidios se alcanzó entre 2018 y 2019. Desde entonces, la curva ha tenido altibajos, pero esta caída es significativa si logra sostenerse.Y ahí está la palabra clave: sostenerse. Porque México ya ha vivido descensos que después se convierten en repuntes. La violencia en nuestro país no es lineal. Responde a equilibrios frágiles, disputas territoriales, reacomodos criminales y capacidades institucionales desiguales.
Reducir homicidios no significa automáticamente que el Estado haya ganado. Puede significar que los grupos criminales dejaron de disputarse ciertas plazas. Puede significar concentración de poder. Puede significar estrategia efectiva. Puede significar varias cosas al mismo tiempo. Lo que sí significa es que existe una oportunidad.
La seguridad pública ha marcado a tres administraciones consecutivas: la confrontación frontal de Felipe Calderón, la narrativa de contención social de Andrés Manuel López Obrador, y ahora el intento de consolidación bajo Claudia Sheinbaum.
Hoy hay un dato que permite hablar de resultados. Pero el verdadero reto no solo es ganar la mañanera. Es ganar el tiempo.
Porque si la reducción se mantiene, México podría estar frente al primer cambio estructural serio en violencia letal en más de una década. Y eso no sería triunfo de un partido. Sería alivio para millones. Pero aquí viene la parte incómoda. Podemos celebrar políticamente el dato o podemos aprovecharlo estratégicamente. Celebrarlo sirve para el aplauso.
Aprovecharlo implica fortalecer fiscalías, reducir impunidad (que sigue rondando niveles alarmantes), profesionalizar policías, atacar finanzas criminales y reconstruir tejido social. La seguridad no es solo una estrategia federal. Es una cultura colectiva. Y así lo ha marcado el gobierno de la 4T
Depende del gobierno, sí. Pero también depende de que no normalicemos la violencia, de que no premiemos la corrupción; hoy lo vemos más que nunca. Una presidenta de un partido que ha encarcelado alcaldes del mismo partido. No olvidemos que es una CIENTÍFICA gobernando.
Si hoy mueren 36 personas menos al día, eso es valioso. Mucho. Pero lo verdaderamente transformador sería que nunca más volvamos a aceptar como normal que asesinen a 80 personas cada día. Eso es una responsabilidad “individualmente colectiva”, el gobierno ya hizo su parte, nos toca a la ciudadanía.
La cifra es importante. La permanencia lo es todo. Y esa permanencia no se construye en una conferencia de prensa. Se construye todos los días.


