Lo que te hicieron creer.

Por Adrián Espinosa de Los Monteros

A muchos mexicanos no les gusta aceptarlo, pero una parte considerable de nuestro raciocinio está moldeado por la propaganda estadounidense. Esto no significa que quien escribe no escape a esta lógica. No es una cuestión exclusiva del género, la edad o la clase social, porque estas variables bien podrían analizarse por separado o incluso interrelacionarse.

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Con respecto a esto: los internautas, público en general, actores políticos e influencers han expresado su opinión sobre la ¿destitución? de Marx Arriaga como director de materiales educativos en la Secretaría de Educación Pública.

La mayoría de ellos, por no decir casi todos, argumentan una supuesta “ideologización” de la educación pública.

Sin ir más lejos, uno puede constatar esta línea narrativa haciendo un análisis de las notas que se han realizado cubriendo el suceso. Casi todos los medios respondieron con esta línea editorial, sobre todo los canales de Grupo Salinas, quienes abiertamente libran una lucha mediática contra el Gobierno Federal desde hace algunos meses, tratando de posicionar a Ricardo Salinas Pliego rumbo al 2023 mientras violan la ley, por cierto.

Valga como ejemplo concreto, ayer escuchaba los argumentos en una entrevista en la cual una maestra acusaba (entre otras cosas): que la NEM quería imponer una visión marxista de la realidad, que las y los niños se iban a volver promiscuos por los contenidos “inapropiados”, que les iban a enseñar sobre la mutilación genital, sobre la autoflagelación (ya lo hacía el Opus Dei en su tiempo), entre otras barbaridades que mencionó, por no decir mentiras.

Sin embargo, este es el viejo manual para avivar el pensamiento conservador.

¿Por qué? Se trata de una receta mediática que se viene gestando desde el auge de las redes sociales. Se trata de infundir miedo en la población aprovechando sus sesgos cognitivos. Se trata de inducir emociones negativas.

Los medios oligárquicos viven de esto, pues no existe el periodismo independiente. Lo hacen en México, en Argentina, en Estados Unidos y en cualquier país donde la ganancia a ultranza es la norma, es decir casi en todo el mundo occidental.

Como resultado, estos aprovechan la falta de instrucción de los internautas que no hacen fact checking ni recurren a métodos para verificar noticias, tampoco triangulan fuentes, ni cuestionan lo que consumen.

Dicho de otra manera, las notas de este tipo tienen como objetivo profundizar el pensamiento conservador para generar resentimiento en las audiencias.

La maestra exponía, como replicando a Agustín Laje, que con la NEM se pretende “formar parásitos”, y  también culpaba al marxismo de “infectar a los niños y las niñas”. Aquí surge la  pregunta: ¿Qué parte de la obra de Marx habla sobre cuestiones sexuales o de hipersexualidad?

¿No sé supone que, simplificación de por medio, el pensamiento de Marx giraba en torno a la crítica de las estructuras económicas, de la relación desigual entre empleador y empleado y la revolución armada hasta alcanzar el comunismo? Se trata de una deformación muy notable del pensamiento marxista con estos agentes que capitalizan la ignorancia de las audiencias. Es de verdad inaudito.

Incluso se atrevió a referenciar a Axel Kaiser: analista político chileno de tendencia conservadora, que entre otras cosas se distingue por presentar medias verdades; eso sí, como sofista sí es muy bueno.

Es perverso lo que hacen estos voceros de la derecha ultraliberal porque a partir de la propaganda del miedo pretenden promover retrocesos en materia de Educación Sexual Integral (ESI), que dicho sea de paso en México se ha avanzado muy poco en este aspecto y encima quieren echar para atrás estos esfuerzos.

Tal vez si no quisieran conservar las cosas como están (de ahí el término “conservador”) se podrían prevenir cuestiones de abuso sexual, violación, límites en las relaciones psicoafectivas e incluso aspectos de la salud mental. Sin embargo, se resisten.

Se denuncia la ya mentada ideologización como si fuera una novedad, como si la educación nunca hubiera estado sujeta a algún tipo de ideología antes del 2019, cuando en realidad sí la estuvo, como si el puro hecho de comunicar no implicara un intercambio de ideas (“ideología”) más allá del modelo educativo que se propone.

Si no quieren que sus hijos se contagien de “ideología” mejor eduquenlos en sus casas. Una vez que una madre o padre de familia decide que va a mandar a los hijos a una institución educativa le está delegando esa encomienda ya sea al Estado o a una empresa privada.

No obstante, para eso están las sociedades de padres de familia en las escuelas particulares y públicas, pero estas tienen limitaciones y si van a intervenir en aspectos pedagógicos tiene que ser en consenso con la planta docente.

¿Ven como el “a mis hijos los educo yo” en realidad parte de la moral? No es lo mismo renegar a partir de un pánico moral basado en fake news que expresar una preocupación genuina por la educación de tu familia.

Seguir creyendo en las fantasías del “marxismo cultural” – un término inventado por sectores conservadores para denostar las luchas de la izquierda progresista (que es completamente perfectible y criticable por cierto, pero no a partir de este criterio) – no solo es ignorante sino que también evidencia los sesgos cognitivos y las burbujas en las que están inmersas las audiencias.

Es increíble: le hicieron creer a este sector que el enemigo era el pobre, el acreedor del programa social, los adherentes a la lucha LGBT, el inmigrante o el trabajador precario. La realidad les explotó en la cara. ¿Por qué?

Porque ahora ante la evidencia irrefutable de las salvajadas, por decir lo menos, que un grupo de multimillonarios cometieron contra niñas y niños y por las que este mismo sector tanto se indignaba, algo queda claro: seguir rabiando con que la izquierda promueve la degradación moral en Occidente no solo implica una terrible ignorancia sino que también involucra disonancia cognitiva, o por lo menos que la propaganda sigue haciendo efecto.

¡Resultó que el sistema económico-cultural que produjo esos desafortunados eventos no fue ni el marxismo, ni el socialismo: fue la metafísica liberal!

Adrián Espinosa de los Monteros Tatto
Columnista
Es licenciado en Comunicación por la Universidad de las Américas CDMX y maestrante en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Autónoma de Sinaloa, ha colaborado como articulista en los sitios Vida Pública, Cultura Colectiva y Milenio. Trabaja en comunicación digital y escribe sobre asuntos públicos, ideología, democracia, discurso, teoría política y económica.

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