Por Michell Corona
Relatar sobre la ola de violencia en México y de sus causantes resulta preocupante e incluso aterrador, todo dentro del marco en donde este mismo terror impera en el núcleo de la sociedad mexicana.
La mutabilidad del narco ha generado un ciclo sin fin de violencia marcando una tendencia a la adaptabilidad de la población ante el continuo clima sociocultural de combate y violencia, desde 2006 a la fecha no hay un solo día en donde no se escuchen cifras o casos de actos delictivos relacionados con el crimen organizado, dicha fecha marca un antes y un después en el estilo de vida del país.
Por un lado, la desesperación por terminar con una estructura criminal construida desde la década de los 70’s, en sacrificio de la población civil y por otro la presencia del propio crimen organizado dentro de las células del gobierno, lo cual lo vuelve aún más complejo.
2006 es uno de los años más señalados debido a que el combate pasó de ser en lugares aledaños a un escenario completamente civil en calles, carreteras e incluso viviendas, todo bajo el concepto de justificación política Gonzales (2013) enuncia “en México a causa de la Guerra contra el narcotráfico, se recurre a la polarización, es decir, la creación del “enemigo” para poder establecer justificadamente contra quién se lucha y hacer de la violencia algo ético y políticamente aceptable” (pág.4) siendo la sociedad una de las primeras en experimentar dicha violencia e incluso en algunos casos hasta aceptarla como narco cultura.
Este miedo que vive la sociedad conduce a un nuevo desafío de supervivencia en donde constantemente aprendes a vivir con el sentimiento de mantenerte alerta ante cualquier situación externa y del cómo reaccionar para salir de ahí, generaciones enteras no conocen la tranquilidad social, pero si la actividad bélica.
Dicha actividad agresiva no cesa ante la captura de grandes capos del crimen organizado, el propio nombre habla de una organización estructural que desafía estrategias de seguridad no lejanas a la de años anteriores y si uno desaparece reaparece otro para tomar el control, Pérez (2016) menciona “La fragmentación y cooperación son inherentes a la naturaleza de la delincuencia organizada, han sido la forma en la cual los gruposdelictivos responden a las estrategias de seguridad implementadas, especialmente, durante el gobierno del expresidente Felipe Calderón.” (Pág.30)
De este modo la mayor parte de lo que lleva el siglo XXI ha sido una constante supervivencia en México, en donde se ha normalizado despedirse con un “me avisas si llegas bien”, en un “no contestes números desconocidos” y en donde al país lo obligan a paralizarse mediante la implementación de miedo en las calles cuando se tocan intereses o personas de los grupos criminales, en contraste día a día civiles desaparecen, periodistas y activistas son silenciados, mujeres sustraídas mientras los meses pareciera transcurren con normalidad, en donde el país no queda paralizado.
Ante todo lo anterior se mantienen las esperanzas en la sociedad mexicana de un mejor mañana, un aliento de fe que debe permanecer en las familias, por otro lado el gobierno debe planificar una estrategia de seguridad que no abarque únicamente a la detención o deceso de los capos si no que a toda la estructura, esto es tarea de quienes ostentan el poder político no importa el color del partido si no la propia responsabilidad de reducirlo, así mismo la población mexicana debe dejar de normalizar la incertidumbre y lo más importante no abrazar a la narco cultura.


